Artículo
El engodo
Por: Rolando Córdoba

 Tan antigua como económica, la tradicional pesca con carnada a fondo sigue prevaleciendo aún en nuevas generaciones de pescadores, que la asumen amén de la mercadotecnia y la moda que impone el uso de artificiales en este deporte. 

Para ello, el hábito de engodar la zona de pesca es una práctica que sigue teniendo muchos adeptos, al punto, que en cualquier tienda especializada  se pueden encontrar las bolsas de engó (o engodo) de diversas marcas: Unas con aceite de distintas especies, con harina, otras saborizadas... un sin fín de accesorios para producir y hacer uso de ello.  

El hecho de motivar la cadena alimenticia, por llamarlo de alguna forma, es un arte muy pero muy antiguo y sin duda alguna, una forma de atrayente muy efectiva sobre todo por lo económico que resulta fabricarlo. 

Antiguamente se hacía con macarelas o sardinas de las grandes, sobrantes de alguna salida o compradas en los mercados que muchas veces hasta la regalaban al final del día, cuando estaban a punto de descomponerse resultando ideal para este propósito. 

Para ello sirven los restos de casi cualquier especie, mejor las de masa aceitosa y de olor bien fuerte, sumándole carapachos de mariscos, restos de moluscos, también algo de harina para ganar volúmen y arcilla o arena para darle peso. Cualquier resto de comida en la casa,  como arroz, frijoles, carnes, pastas, pueden completar la receta el día de la preparación. 

Para prepararlo se mezcla todo y se pasa por un molino para carnes o se tritura en un mortero o molcajete, almacenándolo en pequeñas bolsas  de plásico, evitando expandir los olores en el congelador donde puede permanecer por mu chos meses en lo que extraemos las bolsas para cada salida. 

Para usarlo, podemos echar la masa congelada en una bolsa de malla, para que puedan salir por los orificios las particulas de mezcla a medida que se “afloje” o hacernos un “porta engodo” con un sencillo embase de plástico preferentemente alto y estrecho, con taparosca. Bastará con perforar la tapa para amarrar una cuerda que nos permita suspenderlo desde la embarcaión o una boya, abrirle unos huecos alrededor de aprox.  una pulgada para permitir que salga el engodo a medida que se descongela. 

Tener en cuenta la corriente es conveniente para que el engodo llegue a la zona que nos interesa y darle un tiempo de no menos de 20 minutos para la aparición de sardinas, lisetas, escribanos, mojarritas y especies pequeñas de arrecife que nos dirán si está funcionando.  

Solo se trata de esperar a que éstas sean ubicadas por los depredadores como rubias o cananés, cojinudas, jureles, barracudas, sierras, pargos, meros, cabrillas, etc. que se convertirán en nuestros objetivos una vez que se acerquen por los más pequeños como suele suceder.   

Si queremos precipitar las acciones, basta con subir el contenedor (sea en bolsa o en bote plástico) unos 20-30 cms y dejarlo caer de nuevo, para que la gravedad haga que salga en mayor cantidad el atrayente. 

Se trata de una sencilla alternativa a tener en cuenta a la hora de adentrarnos al mar,  fácil y a la mano,  que seguramente nos brindará buenas emociones y mejor aún,  seguir compartiendo otras experiencia cuando salgamos a disfrutar de otra jornada de pesca.


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