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La historia la hacen los hombres
Por: Rolando C√≥rdoba

Vidal, como todos lo conocen, es un ícono de la pesca deportiva y orgullo de Manzanillo. De estatura mediana, con la piel curtida por el salitre y una infancia que le obligó a cambiar los cuadernos de la escuela por duras labores en altamar. Trabajo que se convirtió en vocación, amor y respeto por a ese azul profundo al que le dedicó su adolescencia y juventud con entera lealtad, que lo hizo grande.  

Apenas logró dormir cuando su señor padre buzo de profesión, le convidó por primera vez al mar. La salida era a las siete, la emoción no le dejaba y con apenas con 10 años, emprendió el camino de tres kilómetros para permanecer desde las cuatro de la madrugada junto a la embarcación que saldría al amanecer. Por eso se entiende que a los 14 años ya capitaneaba la lancha de su padre y antes de los 20, se destacaba como uno de los mejores timoneles. Vidal nunca ha dejado de crecer por lo que hoy es alguien muy querido y respetado en la pesca deportiva, con amigos en muchos países desde donde viajan para compartir sus experiencias. 

Prestador de servicios con una reputación ganada ola tras ola y reconocido por todos como el mejor capitán de Manzanillo. Ganador de varios torneos, maestro de varias generaciones de pescadores que en la actualidad, comparte sus labores a bordo con su hijo Bruno, tercera generación de esta estirpe de hombres de mar, que la disciplina y la vocación conducen de la mejor mano por el mismo camino. 

Compartimos unos minutos con Vidal Dávalos junto a la palapa del Club, cuando descendió de la “Luckiest” y el marlin que sin duda, le confería un nuevo premio a su largo historial de triunfos. Estaba contento y sobre todo emocionado. Le comenté que el día anterior preguntábamos por el capital Vidal a un tripulante de la embarcación “Marava”, a Alejandro, un buen pescador de Manzanillo que nos confesaba que como él, muchos le deben lo que conocen del mar y la pesca, por lo que resulta común escuchar hablar del maestro con mucho orgullo y respeto. 

-¿Es cierto eso capitán?

 “Muchos de los que pescan y que hoy tienen sus embarcaciones fueron mis tripulantes, me comentaba Vidal. Héctor Rodríguez de la Picuda y Vanesa, el chino del Halcón Pescador, mi hermano Marcelo, todos ellos salían conmigo en sus inicios y casi todos hoy son buenos pescadores”… 

“Yo soy muy exigente, pongo orden y a veces soy hasta cruel, igual le exijo a mis clientes, porque para eso pagan, mis clientes mandan y esperan de mí lo mejor; porque saben que Vidal Dávalos no los va a defraudar. Todos saben que hay que hacer las cosas bien, no como uno quiera hacerlas: ahí está el éxito de esta carrera. Sabemos que hay mucho de la suerte, yo se que sí, que la pesca en mucho es impredecible, pero si no estamos preparados para la maniobra que se requiera, para el uso de tal instrumento, conocer las aguas, el uso de la nueva tecnología, trabajar con las máquinas, si no ponemos de nuestra parte con todas las ganas estamos corriendo riesgos de hacer mal la parte que nos toca y eso debe entenderse.” 

- Nos fijamos cuando salimos en tu embarcación, besar varias veces tu ancla-crucifijo, cada vez que echaban un señuelo al mar o cambiaban en spread…. ¿siempre lo haces? 

“Sí, yo soy católico y siempre le pido Dios que nos vaya bien, y… Dios… siempre nos… lo… ha concedido”, las palabras quedan entrecortadas; lo traicionan las emociones y un brillo nuevo aparece de sus ojos. Busca encontrar algún punto en el horizonte para continuar…“es que mis clientes… mis clientes se merecen lo mejor”, comenta con una voz que apenas se le escucha y trata de sonreír mientras busca nuevamente donde posar la mirada, que me confirma que estamos ante un hombre de una imagen –aparentemente- ruda, sin embargo de una sensibilidad y emoción extrema. 

-Del día de hoy ¿qué nos cuentas? 

Se nos había ido uno el primer día y estaba grande. Ayer como viste, no hubo nada y pasé la noche revisando los reportes sobre clorofila, temperaturas y decidí cambiar el rumbo para hoy, un riesgo que decidí asumir y de nuevo pedí al Señor me ayudara. Salimos rumbo 150 grados de Punta Campos y como esperaba, a solo 17 millas el agua estaba azul, azul, lo demás ya lo saben…” 

-¿Le achacas a ello el éxito de hoy? 

“Sí y no, pues igual nos topamos grandes comederos de atunes de más de 100 libras y no logramos ninguno, no quisieron, pero yo sabía que íbamos bien, mi instinto me decía que por ahí debería estar lo que buscábamos, hay que leer mucho y sumar muchas experiencias para poder sacar cada quién sus conclusiones, eso es clave sobre todo en estos meses que las aguas están fuera de época”. 

-¿Y cuál es tu secreto capi? 

“Perdón… ¿qué me preguntas?”   


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