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Ernest Hemingway, de la pluma a la caña
Por: Manuel Solís

Ernest Miller Hemingway nació en Oak Park, Illinois en 1899. Era un hombre cuya destreza literaria y su enorme sed de aventuras le reportaron gran fama internacional.  Su logro literario supremo, El Viejo y el Mar, fusionó dos de sus más profundas pasiones:  La pesca deportiva y la escritura. 

A lo largo de su vida, viajó constantemente a Francia, España, Italia, África, Norteamérica y Cuba. Hemingway ya se había iniciado en el periodismo cuando se alistó como voluntario en la Primera Guerra Mundial, como conductor de ambulancias, hasta que fue herido de gravedad.   

De vuelta a Estados Unidos retomó el periodismo hasta que se trasladó a París, donde alternó con grandes escritores y pintores de vanguardia como Ezra Pound, Pablo Picasso, James Joyce y Gertrude Stein, entre otros. Participó en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial como corresponsal, experiencia que luego incorporaría a sus relatos y novelas.

Las primeras experiencias de Hemingway con el anzuelo y el sedal se dieron de niño cuando  pescaba en los lagos cerca de Petoskey, Michigan, donde sus padres tenían una casita de campo. A lo largo de los años continuó pescando en agua dulce, pero un buen día se atrevió a dar el gran salto hacia el mar. Fué en 1921, en un barco que partía del puerto de Vigo, donde Hemingway presenció algo que alteró su ritmo cardiaco: un atún de casi dos metros que saltaba por los aires para volver a caer al agua, provocando un estruendo ensordecedor. Pensaba que solo alguien bastante loco y atrevido era capaz de arrimar semejante bestia al barco.  

En 1928, con una carrera literaria ya bien establecida, Hemingway visitó Los Cayos en Florida, por primera vez. Embrujado por el encanto natural de los Cayos, pasó las siguientes tres décadas pescando en las cálidas aguas del Gulf Stream, viviendo primero en Cayo Hueso y más tarde en San Francisco de Paula, Cuba. Ahí se impregnó de todos los conocimientos y saberes de aquellos viejos pescadores cubanos, y pudo comprender la complejidad de esta práctica. Una vez curtido como pescador, promovió nuevas técnicas de pesca y compartió muchas de sus experiencias a través de escritos, inspirando a un gran número de aficionados a librar duras batallas con los picudos del Atlántico.  

Hemingway vivió más de 20 años en Cuba, en una casa llamada Finca Vigía, donde escribió El Viejo y el Mar; un breve relato encargado por la revista Life, de peculiar belleza, y precisión de prosa que le valió el premio Pulitzer en 1953 y un año más tarde el premio Nobel de literatura.

Definitivamente este logro no se hubiese conseguido de no impregnar las páginas de su novela con su desmedida pasión por la pesca; de no haber vivido de primera mano las mismas vivencias que padeció y engrandeció “al viejo pescador”. Un detalle de ese bagaje deportivo es el hecho de que Hemingway plasmó en su gran obra maestra, aquellos robos de capturas por parte de los tiburones, ya que éstos se daban con bastante frecuencia en una época en la que los equipos aún no eran muy sofisticados y los carretes no tenían mucha rapidez de recogida.  

Para los cubanos, Ernest Hemingway es un símbolo de las relaciones de amistad entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos de Norteamérica.  Ellos lo recuerdan con mucho cariño y preservan los lugares que el famoso escritor solía visitar como el “Floridita”,  bar que servía el mejor daiquirí de La Habana; “La Bodeguita del Medio”, donde saboreaba todas las tardes su exquisito mojito; el restaurante “La Terraza” sitio de encuentro con su inseparable capitán Gregorio Fuentes, así como su casa en la Finca Vigía, hoy Museo Hemingway, donde contemplaba cada mañana el esplendor de  La Habana y la Corriente del Golfo, testigos de grandes capturas de picudos y dorados. 

Emest Hemingway fue investido como vicepresidente de la IGFA, título que mantuvo hasta su muerte en 1961, gracias a su entregada labor de difusión y protección  a las especies  que engrandecen el deporte de la pesca deportiva.


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