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Shakespeare or not Shakesperare...that is the question
Por: Rolando C√≥rdoba

Aunque se llamaron igual, no vamos hablar del dramaturgo inglés que hizo famosa la frase “To be or not to be…” donde el joven Hamlet, abatido, confuso y con una calavera en la mano cuestionara su existencia.

Hablaremos de otro William Shakespeare, buen comerciante, inquieto e innovador. A este William también le gustaba la pesca y sabemos que su visión, lo volvió tan famoso como a su espigado tocayo.

Pocos pueden negar que más de una vez hemos lanzado nuestras ganas al mar con una caña Shakespeare, bien cuando comenzamos a pescar o aún en estos días.

Comentarios como: “La tengo desde hace diez años” o “con la Shakespeare fue que peleé, aquel atún con el que ganamos el torneo” siguen siendo parte de muchas pláticas de pesca, y por qué no, porque si bien no es la mejor caña que se vende en el mundo, estamos casi seguro que es la más vendida de todas, sin importar la modalidad que sea porque para todo hay una Shakespeare. No hay tienda que las rechace porque siempre se venden, bien por el costo, lo versátil o lo resistentes que resultan, lo mismo para principiantes o expertos, en cualquier modalidad de pesca.

Para muchos también es noticia que este otro Shakespeare, pescador de  Carolina del Norte y comerciante por vocación, fue quien popularizó (no lo inventó) el sistema de level line (devanador) en los carretes de troleo y bait casting que usamos hoy en día, incluso, antes de fabricar sus famosas cañas.

“Fishing Shakespeare Tackle” desde el comienzo hizo historia, tanto, que hoy por hoy hay tiendas de coleccionistas, sobre todo acá en EEUU, dedicadas a no dejar morir lo que a principios de mil novecientos fue todo un ícono en la pesca; bien por sus increíbles artificiales como por los primeros carretes level line comercializados por la firma, conocidos en aquel entonces como Shakespeare C, considerados hoy verdaderas reliquias en la historia de la pesca.  Hay quien afirma que abrir esos antiguos carretes de Shakespeare, es la posibilidad de poder admirar las sorprendentes soluciones y la robustez constructiva de una época verdaderamente significativa para cualquier proceso de fabricación, donde la mano de obra especializada, pesaba mucho más que los sistemas automatizados de manufactura industrial.

Los documentos -algo imprecisos hasta donde pude indagar- cuentan que fue en Kalamazoo, Michigan, donde Walter Marhoff  diseñó y comercializaba, uno de los primeros carretes con sistema de retorno del guía hilos. Al mismo tiempo, Shakespeare desde su tienda en Carolina del Norte, “Fishing Shakespeare Tackle” hacía lo mismo con su propia versión de este carrete con devanador.

El sistema de retorno de Marhoff  (que se dice, fue conceptualizado por Leonardo Da Vinci en su época) constaba de 2 ejes helicoidales, dispuestos de tal forma para que el piñón, al llegar al final del recorrido por uno, se montaba sobre el otro para el retorno y al parecer, los carretes fabricados por Marhoff superaban en varios puntos el desempeño de los de William, y que éste -como buen perdedor- supo reconocer.

Ello guió los planes de Shakespeare para la compra de la compañía de Walter en Kalamazzo, y que efectuó aproximadamente en 1905 donde incluía por supuesto, la patente de fabricación de sus carretes… derecho que obtuvo por setenta años y que llevó a la cima al consorcio de Carolina del Norte.

El despegue de Shakespeare fue muy evidente. En el año de 1910 ya era considerada una compañía líder en tackle fishing contando con más de 100 empleados y buenas soluciones en sus avíos. Su señuelo más vendido era una rana pequeña, de goma, que al parecer debió resultar toda una tentación para las especies de la zona. Sus cañas, aunque pesadas y tiesas eran solicitadas desde todo el país lo que llevó a la compañía a un crecimiento muy notable, que el ávido comerciante aprovechó para ofrecer su  “mejorado” carrete, con un nuevo mecanismo que constaba de un solo eje en vez de dos, reduciendo el peso y sentando las bases para el diseño y fabricación de los famosos carretes level line que conocemos y disfrutamos en nuestros días, lo que define a esta empresa y su líder, como los pioneros en comercializar este tipo de reel en el mundo. Su precio de venta en esa época, era de cinco dólares.

Si hoy en la actualidad podemos alabar el desempeño de cañas de más de trescientos dólares, como las fabricadas por Megabass, St. Croix, GLoomis, Airrus y Century entre otras de élite,  no creo que muchas de ellas, por no decir ninguna, puedan aguantar los maltratos que soporta una  Tidewater, la Stripper la blanca Catfish o la legendaria, célebre y acreditada Ugly Stik Lite de Shakespeare, a pesar de no ser tan “hermosa” y codiciada, como las marcas “top of line” del mercado.

Este modelo que salió a la luz desde 1976, vino a colmar de gloria y cambiar en mucho las opciones de varias modalidades de pesca, digamos hasta cierto punto: extremas, como puede ser el troleo de aguas azules, el surf casting, la pesca inshore y el deep jigging, donde muchas veces se impone la resistencia a la sensibilidad o se exige un desempeño cualitativo de mayor nivel y que la Ugly Stik Lite, por ejemplo, puede ofrecer de forma generalizada para muchas modalidades de pesca en aguas azules.

Las “Ugly” como se conocen, fueron las pioneras en usar un sistema exclusivo de la marca conocido como “Howald Process”, un proceso de fabricación donde alrededor de un núcleo de grafito, se coloca una capa de fibra de vidrio que sobresale hasta el tip o puntera, que es lo que se conoce como “clear tip” o tip transparente o claro, donde la resistencia y la flexibilidad que caracteriza a la fibra de vidrio, permite que la puntera se doble sin quebrarse.

Si bien es cierto que en comparación con otros modelos y marcas son algo más pesadas y menos sensibles, sirven para casi cualquier escenario, quizás no con los requerimientos específicos de cualquier experto exigente, pero pueden usarse sobre todo, por la confianza que generan en cualquier apasionado de este deporte cuando muchas veces por los altos costos de algún equipo en específico, nos cohibimos de alguna maniobra o de sobredimensionar sus prestaciones cuidando nuestra inversión. No hay lancha de pesca, sea del costo que sea, que no exhiba al menos 2 cañas Shakespeare en sus “rod holder”, lo mismo con carretes de trolling, que de spinning, incluso con carretes de gama alta.

Mis primeros pininos en el jigging fueron precisamente con una Ugly Stik Lite de 7 pies y un Saragosa 10,000 con línea PP de 20 libras y no tuve ni la mínima queja subiendo jureles y coronados de buen tamaño, de hecho era mi combo para atacar comederos en aguas abiertas, y les puedo asegurar que nunca sentí el mínimo temor. Quizás por doblarse demasiado, si la comparamos con una buena caña, específica para esta modalidad y sí me demoraba más, pero de que se subía, se subía. También recuerdo que sin ser definida para trolling, obtuve muy buenas capturas con ellas, usando los Black Gold 60 y 90 de Daiwa, con línea de mono de 30 libras.

Para los seguidores de la marca entre los que orgullosamente me encuentro, es innegable el cambio a favor que Shakespeare está experimentando hace algunos años, donde el consorcio, sin perder el terreno ganado, se hace ver más preocupado por el “buen ver” -como decía un amigo, incorporando mejores diseños y prestaciones que, sin la intención de compararse con las cañas top –porque no es de su interés- evidencian constantes mejoras a favor: estéticas, constructivas y de materiales, muy consecuentes con los derroteros actuales del mercado.

El uso del corcho en los mangos de varios modelos, la inclusión de reel seat y guías Fuji, de rollers AFTCO en las cañas de hard trolling, el uso de mejor epoxy y más capas para lograr mejor protección contra los rayos UV. El moldeado de foamy de alta densidad para algunos mangos y un cambio sustancial en el diseño de viejos y nuevos modelos, han venido sumando a los logros de la firma algo más que prestigio, donde se incluyen en especial decenas de combos armados por la marca, muchos de ellos específicos para mujeres y niños; nicho que Shakespeare ha sabido cubrir muy bien y con mucho empeño al punto, que fue reconocido en el ICAST 2011, como el “Best Kids Tackle” y les aseguro que hay que ver lo que ello significa en cifras, sobre todo en tiendas departamentales, donde hace semanas y por el comienzo del verano, se llenan y se vacían los anaqueles con cientos de equipos en sólo pocos días y donde al llegar a las cajas, no se ve a ningún pequeño que no cargue con su “combito”, su caja de pesca y sus flotadores de plástico: todo Shakespeare.

Shakespeare no solo es caña, como ya comentamos, sus señuelos fueron parte importante de su desarrollo y hoy, aunque son un nicho sin abandonar por completo, pareciera dejar el espacio a otras marcas y dedicar sus mejores esfuerzos a las cañas, los carretes y los combos. Su abanico de accesorios de pesca ha crecido también sustancialmente, ocupándose de líneas, cajas de pesca, ropa, herramientas y todo lo que conlleva este deporte. Sus carretes sin ser de gama alta responden muy bien al precio de compra y al igual que las cañas, si se les da el mantenimiento adecuado pueden propiciarnos muchas jornadas de pesca.

Hoy, a ciento cuatro años, no hay dudas que hablamos de unas de las compañías representativas de la pesca deportiva a cualquier nivel y que siempre ha mantenido como premisa, la popularidad y lo asequible de sus productos.

Como conocemos todos, hace siete años, el consorcio “Pure Fishing” producto de la globalización, viene comercializando Shakespeare como parte de una estrategia de mercado junto con otras marcas insignes del mundo de la pesca, como Abu García, Berkley, Penn, Mitchel, Stren, Sebile, conformando el catálogo más grande de avíos de pesca del mundo.

Lo que me resta es un gran aplauso y otro más, porque digan lo que digan: que no son obras de arte, de que se venden hasta en las farmacias, que no vienen envueltas en funditas de tela, que las garantías no son de por vida y que muchos las echan a un lado cuando pueden hacerse de alguna de las varas top del mercado… ninguna marca de cañas con esos precios, ha podido generar tanta confianza en los pescadores, ni sumar tantos reportes y récords por tantos años como una Shakespeare y... ¡that is the question! 


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