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Pescando con flotador
Por: Rolando C√≥rdoba

En nuestro número anterior platicamos del wadin, la modalidad de pesca que implica vadear las aguas bajas de las bahías, las costas o adentrarnos en los inmensos flats. Parte de la información que pude investigar  y las experiencias expuestas por varios pescadores, fue el uso -casi obligatorio- del flotador o “bobber”, una de las herramientas más usadas en esta práctica y que prometimos compartir como estamos haciendo, con más de espacio e información.

La pesca con flotador parece algo tan fácil y sencillo, que cuando vemos a alguien usándolo  pensamos que se trata de un principiante asociándolo sin importar la edad, a una forma de pescar que cualquiera puede asumir y en verdad algo hay de cierto.

Pescar con flotador es de las formas más sencillas para iniciarse  en la pesca, sobre todo, para inducir a los niños al aprendizaje, a ser pacientes,  observadores y conocer las especies del mar, pero les sorprendería saber que muchos pescadores afirman que aunque llevemos muchos años pescando, nunca vamos a conocer todas las maneras, las estrategias y las técnicas de la increíblemente difícil y delicada  pesca con flotador, porque si nos pareciera sencillo por un lado -que es innegable- por otro, puede ser tan compleja como queramos asumirlo.

El flotador a pesar de su aparente simplicidad, es una de las más eficientes herramientas si sabemos cómo, cuándo y dónde usarlo, y sobre todo  y aunque parezca exagerado,  puede proporcionarnos tanta información, que necesitaríamos de varios instrumentos con algo de inversión, para tener toda la información que nos puede propiciar un simple y sencillo flotador.

El flotador puede informarnos en sólo minutos, sobre la profundidad de distintas zonas, si el fondo está más o menos limpio, si es de lodo o arena o si hay algún cambio brusco de profundidad… Observándolo con paciencia podemos conocer, en qué dirección van las corrientes en la superficie o en el fondo, la dirección del viento y por supuesto tener una idea del tamaño de las especies que puedan andar en la zona. También si los peces están prefiriendo carnada ¿cuál? o si están atacando señuelos.

Todo ello puede ser sólo una parte de la información que nos puede brindar un simple y sencillo flotador. Por éstas razones y lo complejo y extenso del tema, trataremos de compartir la información necesaria para quienes quieran iniciarse en esta práctica, el resto, les va llegar por el acopio de sus propias experiencias.                                      

Construcción

La principal cualidad de un flotador, es mantener suspendida nuestra carnada o artificial en un punto determinado del cuerpo de agua, moverlo de lugar o recobrarlo, en muchos casos, puede hacer la diferencia. Los flotadores se construyen de cualquier material que flote, como corcho, unicel, madera (preferiblemente madera balsa) y también de plásticos, las posibilidades son casi infinitas...

Los más alargados y angostos que muchos llaman “tipo Thill” (por el nombre de unos famosos flotadores construidos por la firma Lyndi) son los más usados para la pesca en agua dulce, construidos por lo general de madera balsa y se dividen en tres partes, la pluma que es la parte superior en forma de antena, el cuerpo, como parte central y de mayor volumen y la quilla, que es la parte que se sumerge.

Estos flotadores, por usarse en pescas más delicadas siempre se pintan o se venden pintados con tonos fluorescentes, combinados con franjas u elementos geométricos en tonos contrastantes para que el pescador además de localizarlo, pueda estar al tanto de cualquier movimiento por sutil que sea. Por lo general son muy sensibles y usados en la pesca de especies menores, adecuados para lo que se conoce como pesca a la boloñesa y pesca a la inglesa, que se diferencian por la forma de arreglarse y el largo de las cañas.

Desde hace muchos años, estas dos modalidades son capaces de congregar a miles de fanáticos que en Europa compiten en torneos anuales de muy alto nivel (para los que les interese, pueden encontrar mucha información sobre ello en la red)  donde los pescadores en esta modalidad se ocupan celosamente de temporada en temporada, en fabricar sus nuevas “armas”,  poniendo en práctica una variedad increíble de soluciones para tratar de lograr en cada pieza, el mejor balance y obtener niveles muy específicos de flotación y sensibilidad.

Flotadores para agua salada

Los que se usan en agua salada (de los que nos vamos a ocupar en este artículo) por lo general son de uno o pocos colores, pues lo que hay que priorizar sobre todo si se lanzan a grandes distancias es poder localizarlos, y solo estar pendientes si son arrastrados o hundidos. Los más comunes son construidos de dos materiales, unicel, que se pueden encontrar armados de varias formas y los de plástico, que aunque menos usados, podemos encontrarlos opacos o transparentes según el caso, para uso con luz durante la noche o contrapesarlos con agua.

Flotadores de unicel

Con éste material podemos ir desde los de tamaño extra, que muchas veces sustituimos con una pequeña boya cuando estamos embarcados, suspendiendo un buen trozo de carnada para especies que generalmente suben a comer, o acercarse a estructuras o las rocas de la costa, hasta los de tamaño medio o pequeños que son los más comunes, para usar lo mismo en playas, bocanas y los flats. Éste tipo de flotador que ha ganado presencia en casi todas las aguas, se encuentra en cuatro formas básicas, redondos, ovalados, los más alargados conocidos como cigarretes (o torpedos) y los de embudo.

Los redondos por lo general se usan para carnada viva en aguas bajas y pueden tener plomo o no, para que al pez-carnada le sea más fácil moverlo, lo que facilita su forma redonda por introducirse menos en el agua. Una de sus ventajas es que no generan mucho ruido al caer, evitando que el depredador se asuste. Un pescador experimentado sabrá si el flotador se mueve por el nado de la carnada (en caso de que se esté viva) por el nerviosismo de ésta por la presencia de algún depredador o si de una vez ha sido atrapada. Los flotadores redondos por permanecer a flor de agua,  son muy vulnerables al viento o las corrientes, factor que podemos aprovechar para dejar que una u otro, los muevan hacia donde nos interese posicionarlo, para recobrarlos con tirones cortos, arrastrando la carnada sumergida de forma errática, resultando muy atractiva ante el cazador.

Los ovalados, conocidos como “de huevo”, mientras los más alargados tipo pencil, son conocidos como “torpedos” o “cigarretes”, ambos pueden usarse para carnada o artificiales de mayor o menor tamaño según se requiera. Se lanzan más lejos que los redondos por su forma aerodinámica. Resultan ideales para arreglarse con anillos de plomo (muchos los traen de fábrica) para facilitar su casteo. Normalmente se hunden entre ¼ y la mitad dependiendo del peso, lo que garantiza que no se muevan tanto de lugar como los redondos.

Los flotadores en forma de embudo son conocidos como “popper” por la similitud en su diseño con los señuelos y por posibilitar su recobro de la misma manera, o sea lo que conocemos como “stop and go”… dos, tres tirones continuos y una parada. Es una de las formas de uso más eficientes,  aprovechando cuando se trata del flotador, sólo el ruido que éste provoca con los splah del recobro y si estamos en aguas medias a profundas, podemos usarlo arreglado como platicamos anteriormente, con cuentas, canicas,  etc, aprovechando para que al splash que produce en la superficie, se sumen los sonidos por el choque durante el recobro, de las cuentas con el plomo o el mismo flotador. También podemos encontrar los de unicel con pesos internos, para lanzar más lejos, o arreglado con alambre interno y destorcedores en los extremos.

Los flotadores, lo mismo del tipo popper, que los cigarretes o torpedos y los de huevo, pueden encontrarse ya armados con alambre, plomos y cuentas por distintas marcas para usarse con carnada viva, muerta o artificiales, donde sin duda DOA se lleva los aplausos en esta práctica con su famoso “Deadly Combo” como ya vimos, sobre todo, si vamos a  vadear aguas bajas o en las orillas de las playas.

Flotadores de plástico

Estos últimos para que puedan flotar son huecos y por lo mismo, pueden usarse para  contrapesarlos con agua o emitir luz como veremos más adelante. Se pintan de colores brillantes para ser localizados con facilidad durante el día o la noche. Ese es el  por qué por ejemplo, de los dos colores en los flotadores reversibles: los plásticos redondos que encontramos en bolsas en cualquier tienda de pesca. Éste tipo de flotador se fabrica en dos partes iguales con colores diferentes en cada mitad, de esta forma si es de día lo usamos con la parte roja arriba y si es de noche lo invertimos colocando arriba la parte blanca.

El uso de flotadores plásticos puede cubrir necesidades muy específicas, como poder llenarlos en partes de agua lo que puede posibilitar más peso para lograr más distancias o mantenerlos hundidos a cierta profundidad según nos convenga, por ejemplo, para situarlos más abajo en la columna de agua evitando alargar el líder, lo que pudiera provocar enredos al lanzar.

La otra posibilidad es usarlos en la pesca de noche,  porque hay modelos específicos para emitir luz con un pequeño bombillo (antes) o con un led, (como se diseñan en la actualidad) en su interior, alimentado por una batería y mayormente, son de dos tipos. El primero funciona abriéndolo, activando el switch y cerrándolos de nuevo, permaneciendo siempre encendido (algo que a muchos no les gusta porque atraen al pez pasto a la zona y poco a poco pueden comerse la carnada)  el segundo, muy efectivo y de las mejores soluciones que conozco, no tiene switch. Este tipo de flotador (costo aprox. de $4-6.00 USD) posee una entrada de agua a través de un tubo elevado y angosto, para cuando el pez lo voltee o lo hunda se llene de agua, y sea ésta, quien cierre el circuito encendiendo la luz para que el pescador pueda ubicarlo, incluso estando sumergido. Una vez afuera se vacía el agua volteándolo, apagándose la luz hasta volver a usarlo.

Amarre del flotador

Una de las dudas más comunes tiene que ver con cómo amarrar nuestro flotador.

Algo en común para la mayoría de las soluciones, es que el flotador nunca se mueve a través de la línea principal, sino a través del leader, aprovechando que por lo general éste es de mayor grosor y resistencia que la línea, ayudando a soportar mejor la presión de presillas metálicas, armar nudos de tope o soportar el roce por los movimientos de recobro.

Para los que como yo almacenan (porque no se puede decir de otra forma…) decenas y decenas de destorcedores que ya no usamos, esta es la oportunidad de ponerlos a trabajar.... Por lo general al castear arreglos con flotadores la línea se tuerce  durante los lances, donde los destorcedores pueden disminuir este efecto mientras que funcionan como tope para que el flotador no suba o baje más de lo requerido, usándolos para unir nuestra línea con el leader.

Si no tenemos un destorcedor a mano, podemos usar un nudo de tope auxiliado por cuentas de plástico, el nudo es muy fácil de hacer y va a servir para situar él o los topes donde nos convenga sin ninguna dificultad.

Los flotadores que no están arreglados con alambre en el centro, por lo general se mantienen sobre el leader manteniéndolos fijos o corredizos. Para fijarlos en caso de que el flotador tenga presillas, se asegura el leader por las presillas metálicas de los extremos, bordeando con el leader el cuerpo del flotador.

Los que vienen para que el leader atraviese el flotador pueden fijarse con el tubo o la aguja de plástico que traen. Este tipo de flotador, que puede fijarse de forma rápida, nos permite usarlo por ejemplo, si antes, queremos sondear la profundidad en que pretendemos pescar, ajustando la altura como vemos en la gráfica a continuación. Para ello armamos el flotador con un plomo que pese tanto como para que hunda el flotador hasta 3/4 (incluso podemos mantener uno especificamente para ese uso) y lanzando el arreglo a la zona que nos interesa, podremos mover el tope alargando-acortando el leader, hasta que logremos que el flotador se hunda aproximadamente el 50%, si cuando logramos ese punto, además notamos que no se mueve de lugar, indica que el plomo descansa levemente en el fondo, lo que nos dará de forma -casi- exacta, la profundidad del cuerpo de agua (A) tomando como dato el largo del leader, del plomo al flotador.

También resultan para trolear desde un kayak o una lancha pequeña a baja velocidad, señuelos de goma o algún arreglo con carnada y traer el arreglo (carnada o señuelo) a la profundidad que nos convenga. Para eso podemos usar plomos pequeños o los llamados de “pellizco” para mantener abajo la carnada si fuera necesario.

Por lo general, la distancia mínima del anzuelo (o lure) al flotador nunca debe ser más corta que 1-2 piés, mientras el largo, sobre todo si estamos embarcados, no debe sobrepasar el largo de la caña. 

Si queremos dejarlo corrido, se pasa el leader por el centro, permitiendo que el flotador se desplace desde el destorcedor (tope) hasta el anzuelo u otro tope situado más abajo.

Este tipo de arreglo con el flotador corredizo, se usa también para posicionar el plomo en el fondo, y subir la carnada y bajarla  con pequeños jalones, o posibilitar lo que llamamos “dar de comer” sin que el pez sienta la resistencia por hundir el flotador.

Con cualquiera de las variantes, podemos posicionar nuestro arreglo en el punto que nos convenga y asumir tres de las mejores formas –digamos- de llamar la atención. La primera es recobrándolos (lo mismo con carnada viva, muerta o algún artificial de goma) de forma muy suave, nos detenemos unos segundos y repetimos el movimiento. Otra es con recobros más enérgicos, como hacemos con los poppers: dos tres tirones (mejor contra corriente) y nos detenemos. La tercera que es de las más efectivas y que requiere algo de práctica, ideal para cuando usamos los flotadores arreglados con alambre como los DOA y plomo debajo, es a base de movimientos cortos, suaves y precisos con la punta de la caña buscando que el flotador pivotee  o se incline hacia nosotros, apenas sin moverse del lugar, (ver dibujo de arriba) ello va a propiciar que lo que esté suspendido (sin peso extra) se mueva bajo la superficie formando algo parecido a un ocho, cuando el plomo situado en la base del alambre regrese el flotador a su posición vertical. Con estos movimientos nuestra carnada o artificial se va a mover en un área limitada, ventaja, que ningún cazador oportunista va a desestimar.

Tuviéramos que ocupar toda la publicación si quisiéramos seguir comentando sobre esta práctica. Como hemos visto lo mejor de todo esto es que las propuestas para su uso pueden ser infinitas, como infinito puede ser el empeño del pescador para poner a prueba su ingenio con nuevas soluciones, porque no hay duda que los flotadores son de los avíos más prácticos, económicos, versátiles y divertidos para compartir nuestras salidas  y una vez que nos iniciamos en ello difícilmente lo vamos a desestimar y  les puedo asegurar que pescar con flotador, además de lo provechoso que puede resultar, en muchas ocasiones puede hacer la diferencia.


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