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Turneffe Island: ¡Puro Caribe!
Por: Rasmus Ovensen

Por fin nos encontrábamos en esta inmensidad de aguas azules que parpadeaban con el reflejo de la luz. No llevábamos ni una hora y ya el carrete de Martín, mi compañero de pesca, estaba chillando bajo los intentos de fuga de un permit o palometa que huía hacia mayores profundidades. El poderoso pez luchaba para intentar refugiarse en las zonas de arrecifes, Martín sometía su caña a mucha presión formando peligrosamente un arco perfecto. El sudor comenzaba a caer por la frente de Martín que estaba cada vez más fruncida por la preocupación… hasta que el pez comenzó a mostrar signos de debilidad, y finalmente pudo traerlo hacia la superficie. Una vez arriba lo sostuvo firmemente por la cola. Teníamos delante de nosotros un ejemplar de permit que pesaba aproximadamente 23 libras.

Sumábamos el cansancio de dos días de viaje, volando de Nueva York a Houston y de ahí hasta Belice para tomar un barco hasta esta hermosa isla, pero desde el mismo momento de la captura del primer permit en Isla Turneffe, todas estas dificultades desaparecieron. Tomé varias fotografías del musculoso pez. Era realmente hermoso, con sus flancos plateados y fuertes pinceladas de color amarillo, para después liberarlo y verlo desaparecer hacia aguas profundas, Martín agotado, estallaba en una cansada sonrisa.

¡Más permits, más!

El guía sin perder tiempo nos llevó de nuevo por otros permits, me tocaba a mí en la parte delantera de la embarcación con la caña de fly. Estaba parado con mucha línea enredada frente a mis pies, mirando de un lado a otro del agua tratando de penetrar a través del mundo de las sombras en lo que la lancha haciendo zig-zag, avanzaba hacia unos arrecifes bastante profundos. De repente, me llenó de emoción ver como un gran banco de peces destellando bajo el agua, se acercaba lentamente a la embarcación. El motor se detuvo y pude oír la voz emocionada del guía gritando detrás de mí, ¡a las 11 en punto! ¡A veinte metros!

El banco de peces continuaba acercándose, estaba justo ahí, apenas a 10 metros de la embarcación y cumpliendo al pie de la letra las orientaciones del guía, pude hacer un lance para ver como la mosca de epoxy caía, para zambullirse lentamente en el azul del mar. El banco de peces se movía precisamente directo hacia la mosca y al parecer, obedeciendo una voz interior,  comencé a recuperar de manera enérgica y rápida para llamar la atención. La mosca salía y entraba al agua a gran velocidad hasta que un gran permit se adelantó a la escuela...parecía que atacaría el engaño pero repentinamente al acercarse a la lancha se volteó para dirigirse hacia el fondo… que lástima! Yo no salía de mi asombro.

Estaba temblando, los nervios no me dejaban y tan pronto como pude, realicé otro lance y dejé que la mosca se hundiera. Esta vez, había empezado a recoger la línea cuando de repente un fuerte tirón me llegaba al alma, desde mi caña. El ataque fue fulminante para que la caña se doblara y la línea saliera con mucha fuerza, emocionado trataba de recuperar en lo que lanzaba amenazas al pez evitando que se fuera hacia los corales del fondo, lo que al parecer tuvo éxito y una larga pelea comenzó en ese momento.

Diez minutos más tarde me sentaba sosteniendo en mis brazos, un increíble y hermosísimo  permit de grandes ojos centelleantes y áspera piel, que según el guía, también debía sobrepasar las 23 libras. Apenas comezamos y ya habíamos conseguido cada uno un permit de buen tamaño. ¡La diosa fortuna estaba de nuestro lado esa mañana!

Nuestro guía que era el más alegre y motivado del grupo puso el motor en marcha...ya estaba listo para llevarnos al siguiente encuentro, esta vez con los bonefish y los sábalos.

Bonefish, barracudas...

Por la noche y después de una cena digna de reyes, nos sentamos para hacer el recuento de lo que había sido sin duda, un excelente día de pesca. Recordábamos el encuentro con los bonefish en las flats, nadando entre nuestras piernas, mientras observábamos barracudas muy grandes y muy cerca, a la caza de sus presas. Esa día también capturé un hermoso sábalo que ofreció gran resistencia y pude vencer casi al final de la tarde.

No podíamos pedir más y esto era sólo el principio.  Vendrían cinco días de intensa actividad de pesca y aunque el pronóstico del tiempo tal vez no mostrara su mejor cara, teníamos muchas esperanzas y un cúmulo de emocionantes experiencias por descubrir.

Caía la noche y un ronco susurro se escuchaba entre las palmeras mientras caminábamos por la playa de regreso a nuestra cabaña. La pesca del siguiente día se llevaría a cabo en el interior de los arrecifes de coral, algo completamente nuevo para nosotros, el guía nos esperaría en el muelle a las ocho de la mañana…

Los complicados bonefish

Nuestro segundo día de pesca llegó para comprender que la pesca en los flats es lo suficientemente difícil y llena de sorpresas. Los vientos habían perdido fuerza durante la noche y aunque en el interior de las bahías el agua estuviera en relativa calma, el mar no estaba nada tranquilo. Nos comentaba el guía que en días anteriores habian encontrado en esas aguas arrecifales, escuelas completas de bonefish o macabí, pero los bonefish lejos de lo que se piensa, no son nada ingenuos, y no es hasta después de que uno entiende que sólo la correcta estrategia de pesca, la sangre fría y el mover correctamente las moscas nos puede llevar a tener buenos resultados, aunque reconozco que estamos muy lejos de tener sangre fría.

De repente nos encontramos en medio de grandes escuelas de bonefish muy nerviosos, sin embargo, con algo de experiencia y una buena dosis de serenidad y paciencia se puedan capturar buenos ejemplares de esta especie. Estos peces con sus cuerpos cromados y compactos, sus discretas rayas oscuras y los ojos grandes y expresivos, son grandes nadadores y su pesca es sencillamente irresistible. Son tan rápidos como un rayo, siempre tratan de refugiarse en los corales cercanos y aunque no tuvimos la cantidad de capturas que esperábamos, tenemos que admitir que cada captura, se convirtió en una batalla crucial y única, que la hizo inolvidable.

Las terribles barracudas

Solo hay una especie en los mares que puede entrar a los flats, y ser más veloz que el bonefish: la barracuda... y tiene que ser más rápida porque siente una especial debilidad por la carne de este pequeño acorazado, lo que muchas veces nos deja observar grandes sombras siguiendo las escuelas de bonefish y cuando encuentran la oportunidad, atacan de manera violenta dejándolos desconcertados. Es fácil ver como muchas veces durante el recobro y tras una rápida dentellada, cortan por la mitad otros peces casi de su tamaño, lo que en el bonefish, justifica su naturaleza extremadamente nerviosa.

Pronto descubrimos que al igual que el bonefish, la barracuda tiene una vista aguda y no son nada tontos pues lanzamos grandes “streamers” con líder de alambre y las barracudas no las atacan. Sólo las moscas más convincentes son capaces de atraer la atención  de la barracuda, que con una rápida recupe ración pueden llevar a su captura. Tuvimos varios ataques y algunas capturas de feroces  ejemplares, en especial una barracuda de cerca de 20 libras que se lanzó sobre mi mosca, justo delante de mis pies. Peleé duro con el pez, todo pasó en una fracción de segundo, el pez saltó fuera del agua tres veces, sorprendiéndome, y poco después la línea desaparecía seguida de la mayoría del líder. Cuando el sonido inconfundible del carrete llegó a su fin, el pez se encontraba a más de cien metros de distancia; me tocaba empezar el laborioso trabajo de perseguirle y recuperar el terreno perdido. Quince minutos más tarde, cuando me senté en la barca con la enorme barracuda en mis brazos, una oleada de euforia y felicidad me invadió, incluso para olvidarme de los bonefish y los permit por un rato. El resto del día dejé “luz verde” al resto del equipo que continuaban su búsqueda del bonefish.  Todavía teníamos asuntos pendientes con otras especies, nos dijeron que el sábalo era difícil de localizar y ese sería uno de nuestros objetivos durante el próximo dia.

Esquivos sábalos 

Los canales y aguas bajas de los manglares se convirtieron en nuestros puntos de pesca en los siguientes días. Nos comprometimos con la captura del rey de plata que abundaba en estas aguas, sobre todo durante la marea alta, cuando entran a través de los canales exuberantes del manglar. Aunque la temporada era un poco prematura, se aseguraba que ya comenzaban a acercarse hacia estas aguas aunque seguramente la captura resultaría todo un reto.

Ese día conseguimos enganchar unos buenos ejemplares de sábalo que intentaban resistirse con grandes saltos y poderosas carreras que nos sorprendían para cambiar el rumbo de la suerte en décimas de segundo.

Oportunidad “casi” perdida

Uno de estos sábalos mordió la mosca y mientras yo recobraba mi línea, éste corrió a esconderse a un costado del manglar. Conseguí clavarlo bien en uno de los cachetes en el mismo momento que aproximadamente 90 libras de sábalo surgían del agua con un elegante salto acrobático rompiendo el silencio, para caer y zambullirse de forma estruendosa. La lucha se produjo y durante los siguientes diez minutos, ejercí la máxima fuerza con mi caña. El sábalo era sumamente fuerte pero no invencible, ya estaba a punto de tomar al musculoso pez para subirlo mientras el guía grababa la captura desde el barco. El triunfo parecía consumarse hasta que de repente se convirtió en una pesadilla.

Mi caña se flexionó más de lo acostumbrado dejando escapar un fuerte chasquido. ¡Se había partido en dos justo por encima de la empuñadura!

El pez utilizó sus últimas energías para tratar de alejarse pero me las pude arreglar, aun con la caña destrozada, para acercarlo y poder subirlo a la embarcación, dando fin a nuestra experiencia con el sábalo… y como todo tiene que llegar a su fin, no nos quedaba más tiempo que regresar y preparar nuestro equipaje.

Mientras empacábamos, nos recreamos recordando nuestra estancia con un montón de luchas intensas. Emocionantes pesca de bonefish, grandes pargos, agujas, jureles, rainbow runners y barracudas, además de los permit, y más de un puñado de buenos intentos para capturar sábalos. El mar nos había castigado los dos últimos días pero a la vez había sido generoso compartiendo sus abundantes riquezas, donde además vimos delfines, tortugas marinas, y varios tiburones al acecho, al igual que rayas de gran tamaño, sin olvidarnos de los manatíes.

La pesca y la estancia habían sido excepcionales, pero a medida que nos separábamos de Turneffe Island Resort con destino a la ciudad de Belice, nos dimos cuenta que también habíamos sido bendecidos con algo más que buenas capturas, fuimos enriquecidos con muchas experiencias en un paraíso de naturaleza caribeña con buena compañía y el mejor servicio posible… algo que se agradece y hace que valga la pena cada centavo invertido.


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