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En busca del dorado sudamericano
Por: David Mailland

Detrás de la sombra del nombre “Salminus Maxillosus” se oculta uno de los depredadores más feroces de agua dulce que se encuentra principalmente en las aguas  tropicales y sub-tropicales de Argentina y Uruguay en América del Sur.

Comúnmente conocido como “DORADO”, un nombre tal vez dado por los conquistadores españoles en referencia a su color amarillo oro, que apreciaban sobremanera.  Una larga persecución tras el dorado fue necesario realizar para conocer su verdadero valor.

La Paz, Entre Rios, Argentina.

El viaje comenzó en la pequeña ciudad de La Paz, en las orillas del Río Paraná en la Provincia de Entre Ríos, a unos 500 kilómetros de Buenos Aires. Si bien se mantiene un tanto desconocido para los turistas extranjeros, la ciudad es muy popular entre los turistas argentinos, especialmente los que van camino a las Cataratas del Iguazú.

El Paraná es el segundo río más largo de América del Sur después del Amazonas, algunos de sus afluentes son tan grandes, que te da la sensación de estar en un gran lago salpicado por cientos de islas.  La Paz en la región del delta, es sin duda el sitio ideal para pescar dorados, pero también surubí : un bagre capaz de alcanzar tamaños de hasta 50 kgs de peso, sin duda, una especie altamente selectiva en América del Sur.

Después de un desayuno rápido y 20 minutos en lancha bajo el cielo azul claro, nos dimos cuenta que las temperaturas en el agua eran realmente bajas (alrededor de 7 grados centígrados) y los dorados podrían llegar a estar aletargados debido a su metabolismo reducido en agua fría, sin responder bien a los señuelos, así que tomamos la alternativa de recurrir al cebo vivo, en este caso “morenas”: un pez de forma similar a una pequeña anguila que resulta muy eficaz para tentar al dorado, incluso con el agua fría.

Acondicionado correctamente en un anzuelo de pata larga se trabajó en contacto con el fondo a profundidades de unos cuatro metros. Curiosamente de acuerdo con el conocimiento local, no se debe pasar mucho tiempo pescando en el mismo lugar, si se hace, puede atraer pirañas y dar al traste con la pesca.

La técnica preferida es dejar que el cebo se hunda al fondo con la corriente dando pequeños tirones alternados a la línea. La carnada viva presentada correctamente atraerá piques en algún momento y éstos pueden ser violentos, sobre todo si se trata de un gran dorado. Después de haber logrado mi primera captura de esta manera, me tomé el tiempo para observar el entorno que consistía en abundante vegetación acuática variada de lirios y jacintos, coronados por grandes cañaverales costeros.

Los lirios y jacintos forman esteros flotantes enormes que ofrecen refugio apeces forrajeros, pudiendo ver muchas veces espectaculares persecuciones  por parte de los dorados en busca de su presa. La vida silvestre nos dejaba ver animales de la talla de los incautos y aún peligrosos “jacarés” (caimán) y diversas aves (especies locales de águilas, garzas, halcones, cormoranes, etc.) alimentándose de peces diferentes. Otras aves como el Ibis o  “Crested Southern Screamer”  también podían verse alimentándose a lo largo de la ribera del Paraná.

La tendencia en la pesca de la tarde no fue diferente. A pesar de las bajas temperaturas, el dorado parecía pegado a la parte inferior del río cuando se reanudó la pesca con cebo vivo. Nos las arreglamos para capturar (y liberar) cerca de una docena de peces, incluyendo un dorado decente de ocho kilos que luchó en forma espectacular. El pez nos dió fuertes coletazos a la hora de su liberación después de una sesión de fotos rápidas.

Tuvimos un día positivo en el agua. El río Paraná se había comportado en forma generosa con nosotros teniendo en cuenta que estábamos ahí temporada baja. Durante el pico de la temporada, cualquier pescador experimentado puede razonablemente esperar que salgan alrededor de veinte peces por día, con un promedio de diez o quince libras, que son complementadas con un entorno hermoso y sereno.

Bella Vista, Corrientes, Argentina.

Nuestro viaje nos llevó hacia el norte, a unos 280 kilómetros de La Paz. Llegamos en la oscuridad de la noche a Bella Vista, una ciudad en la provincia de Corrientes, y no fue hasta el amanecer que el majestuoso Paraná pudo manifestarse una vez más. 

Ahí el río era mucho más amplio, con mayor rapidez de flujo. El paisaje de la zona es totalmente diferente al de la La Paz, con el río que serpentea a través de afloramientos rocosos con vegetación mucho más rala en los alrededores y el agua no estaba lo suficientemente clara como para apelar a los artificiales, sin embargo la temperatura del agua era de 17 grados, 3 por debajo de las temperaturas óptimas para la  pesca del dorado.

En esa parte del río había un poco más de profundidad, unos 3 a 5 metros y decidimos probar con el troleo a baja velocidad. Los resultados fueron excelentes, tuvimos varios ataques y logramos uno muy bueno: un dorado de 9 kilos que le dió a nuestros músculos un buen entrenamiento. En algún momento de la tarde, perdimos un pez muy raro, grande,  de unos 12 kilos a pocos metros de la embarcación ya que logró deshacerse de los anzuelos triples.

Las áreas en dónde logramos las mejores capturas fueron principalmente los afloramientos rocosos en aguas rápidas, que favorecen al dorado como puntos de emboscada para las especies forrajeras. Esa es una característica común compartida por la trucha, el payara y por el pez tigre Goliath del Congo. 

La pesca del dorado en Bella Vista es excelente ya que las estrictas regulaciones se aplican en toda la zona hasta la ciudad de Goya, que está a unos 40 kilómetros al norte. El delta del Goya, es la zona de desove del dorado y otras especies como el pacú, surubí y otras especies nativas.

Salto Grande, Uruguay

El lugar es considerado como el punto más legendario de acceso para la pesca de dorados. El récord actual es de 25 kilos. Para nosotros se trataba en realidad de un reto personal el tratar de encontrar y atrapar un tamaño récord de dorado. 

El río Uruguay forma una frontera natural que separa Argentina de Uruguay, al pie de la presa de Concordia. Dicho punto de acceso le llaman Salto Grande en la costa uruguaya y La Zona en el lado de Argentina.

Según la normativa son  permitidos un máximo solamente de cuatro barcos de pesca en el río en un momento dado, de viernes a lunes, dos de cada lado de la frontera. La pesca es puro casteo y la captura y liberación es obligatoria.

Yo estaba  emocionado y ansioso por la pesca, tanto, que no pude conciliar el sueño la noche anterior. Comenzamos la pesca a las siete y media de la mañana con nuestro guía Pancho, río abajo a unos tres kilómetros de donde estbábamos hospedados. Por primera vez en el viaje, las condiciones se presentaban en forma extraordinaria con un excelente clima para la pesca.

Aunque los niveles de agua en el río seguían siendo bajos, la entrada del agua desde el lago la noche anterior había dado lugar a un aumento en la profundidad de cerca de un metro. Casteamos varios minutos hasta que vi un enorme dorado justo debajo del espejo de agua... e iba en busca de mi señuelo LuckyCraft Falshiminnow.  Que pelea !!! como pocas veces había sentido!...ese pez parecía ser el puntapié inicial de un frenesí de dorado. Las capturas se sucedían una tras otra, hasta el punto de quedamos con los brazos realmente adoloridos.

Capturamos y liberamos varios dorados por encima de los quince kilos, incluyendo un monstruoso pez de 22 kilos, cobrado por nuestra compañera periodista Cecilia, pescadora con varios años de experiencia en la pesca del dorado. De hecho, fue el pez más grande del día.

Cerca del medio día los piques se redujeron significativamente, exactamente cuando me dí cuenta de un fuerte aumento en el nivel del agua que varía en función de la necesidad de generación de energía por parte de la represa. 

Por lo visto, una variación gradual del nivel del agua suele ir acompañado de una significativa actividad de los peces. La tarde fue muy tranquila, el nivel de agua se mantuvo estable. Durante el período en que estábamos pescando en las aguas más cálidas cerca del embalse, los peces seguían mordiendo allí. Los capturados rondaron los doce kilos.

Es importante saber que la marca personal de los mejores pescadores de Argentina es de alrededor de diez a doce kilos, pero al pie de la represa de Concordia realmente  se puede capturar un dorado del doble de tamaño. El día de pesca había sido un éxito y los servicios contratados eran de primera clase. Volvimos al hotel con un gran sentido de logro, así como deseando que llegue el último día de pesca en el Puerto Yerua.

Puerto Yerua, Corrientes, Argentina

Aún recuperándonos de la pesca bastante intensa en Salto, cruzamos la frontera para continuar la fase final de la jornada hacia la pequeña ciudad de Puerto Yerua en la provincia de Entre Ríos, a unos cuarenta kilómetros de Salto. Una vez más estaríamos pescando en el Río Uruguay.

Sorprendentemente la pesca fue superficial, a no más de un metro o dos de profundidad. El río se mostró ese día algo fangoso, pero aún explotable utilizando señuelos.

Los peces pasto son claramente abundantes allí, y los dorados suelen crecer mucho más grandes, ser más rápidos, aunque más cortos y regordetes en comparación con los de otros ríos.

La pesca por la mañana resultó lenta, probablemente debido al nivel bajo del agua, alrededor de un metro por debajo del nivel óptimo. Al mediodía el aumento del nivel trajo un ligero aumento de la actividad de los peces y las picadas empezaron a llegar.

Sin embargo la temperatura del agua se mantuvo baja (12 grados C) lo que impidió que la pesca mejorara. En un día bastante difícil, capturamos y liberamos un total de seis dorados, todos por debajo de los seis kilogramos. Sin duda la pesca se vio afectada por las bajas temperaturas, sin embargo, adquirimos experiencia valiosa e interesante en condiciones completamente diferentes a lo anteriormente experimentado, ya que no se veían afloramientos rocosos en Puerto Yerua.

El emocionante viaje llegó a su fin justamente antes del atardecer donde perdimos uno grande que salió de la nada como un misil de oro y tomó el señuelo al lado de la embarcación. Por desgracia el pez se las arregló para desprenderse de los anzuelos triples.

De interés nacional

La población de dorados en el  río Paraná ha sufrido una disminución importante durante los últimos 20 años por la intensa pesca comercial y deportiva. También ha incidido la represa Yacyretá al obstaculizar a los dorados de emigrar aguas arriba para desovar. Pero en el 2005, un decreto del Congreso de Argentina declaró que el tema era del interés nacional y aprobó una serie de medidas para proteger este precioso recurso. De hecho, observamos a la policía local patrullando y checando actividades ilegales en cuanto a la protección de la fauna.

También se ha  impuesto un  cierre de temporada y la pesca ha sido prohibida durante el período del desove en muchas áreas. Igualmente se construyó una especie de escalera en la represa Yacyretá para permitir que la migración anual aguas arriba no se vea afectada por ningún motivo.

En algunos lugares, las capturas se etiquetan con fines científicos para conocer las rutas migratorias, ya que un dorado puede nadar hasta 2,500 km.

La anatomía del oro

Los dorados o pirayú como también se le conoce, dispone de grandes cabezas con quijadas huesudas llenas de filas de agudos y pequeños dientes.  Las quijadas en los ejemplares de mayor tamaño son capaces de causar serios destrozos en todo tipo de señuelos y carnadas.

El cuerpo del dorado está cubierto por escamas de un color amarillo muy vivo, con largas bandas negras angostas. Desde el punto de vista del color, los dorados juveniles son más espectaculares que los adultos. Las aletas son de color naranja o amarillo dependiendo del ambiente en que viven. La cola exhibe colores que varían del rojo al naranja con un punto negro en el medio. Muchas de esta colas revelan los resultados de ataques hechos por otros dorados.

Los dorados buscan sus presas en pequeños grupos de individuos de la misma edad. A veces atacan peces más grandes y con frecuencia devoran ejemplares de su propia especie, no sólo a los más pequeños o débiles, sino aquellos capturados antes de ser izados a bordo. A pesar de lo que su apariencia sugiere, es un voraz depredador. Los guías de pesca buscan cansarlo durante la pelea antes de subirlo, porque puede infligir serias heridas si no es manejado correctamente.

Al igual que el salmón, nada aguas arriba para desovar, y a veces lo hace por centenares de kilómetros con fuertes corrientes en aguas altamente oxigenadas. A diferencia del salmón, después de desovar no perece, para fortuna de los pescadores: continúa aumentando de tamaño.

Cuando se ve enganchado, el dorado utiliza con frecuencia su larga lengua para liberarse y hace saltos espectaculares dignos de cualquier marlin o pez vela.

Debido al duro hueso de su quijada y a su capacidad para defenderse, el dorado es difícil de capturar (entre un 60% y un 75% logran liberarse del anzuelo). Para los pescadores, eso puede ser frustrante, pero el alto porcentaje de picadas compensa el bajo porcentaje de capturas.

Afortunadamente, el dorado todavía es abundante en algunas áreas de Argentina y Uruguay.


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