Artículo
Las superticiones de los pescadores
Por: Rolando C√≥rdoba

Tanto los marineros como los pescadores son personas que pasan mucho tiempo en el mar y a pesar de todo el placer que ello invoca, siempre existe algún temor por lo inalcanzable de sus límites, lo profundo de sus aguas o lo impredecible que pudieran resultar las condiciones del tiempo, a pesar de toda la tecnología que se puede poner en función de ello, donde siempre tiene espacio un “algo” que puede variar el curso de los acontecimientos o por lo menos, echarnos a perder una salida a pescar.

Por todos esos temores cuando el hombre se adentra al mar, suele asumir cualquier creencia que lo ayude a soportar sus propias inseguridades, lo que puede aportar alguna cuota de control emocional sobre todo, para llegar sin problemas a tierra firme. Pero a pesar de las tragedias que en muchos casos pueden causarse por imprudencias reales, sabemos que hay de todo en la viña del Señor: historia, leyendas, tabúes o mitos y donde por supuesto ocupan un buen espacio: las supersticiones de los pescadores.

A modo general, todo decreto al que no podemos encontrarle una explicación lógica y que sucede porque sí, se le conoce como superstición.

Las supersticiones resultan categóricas siempre y nadie las pone en duda. Superstición es una palabra de origen latino que se puede resumir como ajeno a la fé y contrario a la razón y que ampara cualquier creencia que nos brinde un soporte… ¿sobrenatural?... ante el desastre o la tragedia, gracias a que la mente tiene la particularidad de hacernos creer cualquier fenómeno como real y verdadero, se afirma que somos lo que pensamos.

Las supersticiones -según el escritor Charles Panati- las conocemos desde hace más de cincuenta mil años, cuando lo mágico se favorecía por hechos comunes como el “milagroso” nacimiento de un frondoso árbol desde una pequeña semilla o el crecimiento de una rana desde un renacuajo sin tener en cuenta además, las creencias que tomaron cuerpo por el desconocimiento de elementos naturales como el rayo, la lluvia, la muerte, el trueno o los relámpagos, atribuidos en ese entonces, al estado de ánimo de los dioses. Todo esto llevó al hombre por dos caminos, uno a tratar de explicarse toda aquella “magia” y el otro, qué hacer para protegerse de ellos, lo que llevó a crear primero y confiar después, en los supuestos poderes de algunos objetos, cantos, rezos o imágenes, que se conocen hoy, como amuletos o talismanes.

Hablando de amuletos… qué pescador no le ha escuchado al amigo decir: “ésta es mi gorra de la suerte…” o “vas a ver ahora con mi señuelo matón…” o  “no, esta playera nunca me la quito en los torneos, con esta gané en…” pero lo mejor  es cómo nos aferramos a todo ello y hasta serios nos ponemos si nos tocan el tema, y por qué no, si al final creamos todo ello para eso mismo: para convencernos y confiar en su capacidad de resguardo….  y hay si en ese momento de echar al “matón” al agua algún jurelito equivocado le da por embestir el señuelo…-Viiiistee   eesoooo! viste lo que te dije… noooo hombre, si cuando yo te digo que este…” y poco falta para ponerle una veladora al “de la suerte” porque así lo disfrutamos y si en esa ocasión no resulta... -hoy no era el día- acompañado con los pretextos que como malos perdedores, también nos inventamos para justificar las derrotas o al menos evitar las culpas.

Recuerdo que hace un par de años estábamos en un torneo en aguas azules, el día era perfecto, las corrientes, el color del agua pero los arreglos, armados por las mejores manos no lograban atraer “los bichos” y lejos de regresar con alguna captura, llegamos al muelle finalizando una jornada totalmente en blanco. Nadie tenía una explicación para aquello hasta que se descubrieron unas cáscaras de plátano en el cesto de basura a bordo…  y por poco, alguien tiene que regresar a nado por haber subido unas bananas a la lancha. Toda la mala suerte ¡qué digo del torneo! hasta que no se volviera a subir una “milagrosa” captura que terminara con el fatídico conjuro, se iba a justificar por la subida a bordo de tres olorosos y apetitosos bananos. Lo mejor de todo fue que quien se había comido la deliciosa fruta -además de no pasar hambre- no entendió qué pasaba, por desconocer una de las supersticiones más populares entre los pescadores: dentro de una barco de pesca nunca puede haber plátanos.

No todo es producto de la imaginación...Se dice que desde siglos atrás se evitaba subir plátanos a los barcos porque son frutas que maduran muy rápido, lo que hacía parecer que las embarcaciones que llevaban este tipo de carga, demoraban tanto en sus viajes que daban tiempo a que se pudrieran sus encargos, lo que llevó a pensar que los plátanos reducían la marcha de las embarcaciones. Otra de las razones se apoya en la existencia de animales venenosos como las arañas, que podían esconderse entre la carga para una vez en alta mar y debido al calor, podían salir de sus escondites mordiendo a la tripulación mientras dormía, causándoles la muerte.

Me imagino que como yo, muchos se preguntarán por qué no la piña, un mamey o una cesta de arándanos, pero las culpas que le echan al inocente y amarillento banano llegan al extremo de que hay quien le impone a esta fruta una sentencia de 24 horas ¡como lo oyen! o sea para los más creídos: el plátano no debe comerse ni el día anterior de una salida a pescar... El colmo es que alguna vez leí y sin saber qué tan cierto pudiera ser, que la  famosa marca de ropa “Fruit of the LOOM” no incluye una banana en su marca con las demás frutas, para que su carga pueda viajar por mar sin ser sentenciada por las tripulaciones del comercio naviero… ¿exageración, simple coincidencia o un rumor fundamentado? De una u otra forma ha servido –cierto o no- para alimentar el mito que en este caso, ni tiene que ver con sacar peces del agua.

Evitar salir a pasear en una embarcación el día viernes, es otro de las supersticiones populares para los amantes del mar, que se explica por una razón puramente religiosa, basada en que Cristo murió un día viernes, por lo que celebrar ese día que debe considerarse solemne, trae mala suerte a bordo; todo lo contrario si planificamos nuestra salida para el día domingo -según se afirma- que como se celebra el día de la resurrección, hay espacio para la festividad.

También encontramos que muchas de las supersticiones de los pescadores tienen origen en otros tabúes, que nada tenían que ver con el mar, como por qué lado abordar una embarcación. Está escrito que el origen de esta superstición, viene por las negativas que desde siempre han existido hacia “lo izquierdo”.

Como sabemos, los niños que desde pequeños comenzaban escribiendo con esa mano eran nominados como un fenómeno negativo, antinatural o maléfico, basado en que la mayoría de los hombres y mujeres eran, o son derechos, lo que se tomaba como positivo por la suposición bíblica que los elegidos por Dios siempre aparecen a su derecha, y derecha: es la dirección que lleva al paraíso.

Esta creencia sobre lo izquierdo, ha llevado también a definir el reverso de una moneda como el lado izquierdo, mientras el frente se le denomina como derecho o anverso. También si al levantarse en la mañana se apoyaba el pie izquierdo primero que el derecho, era el antecedente de un mal día y todo ello dio pie a que abordar por el lado izquierdo una embarcación era de los peores presagios tanto para el pescador como para la pesca, al punto que aunque resultara casi imposible, los pescadores abordaban sus lanchas incondicionalmente por el lado derecho, hasta el extremo de que si algún marinero subía por el lado “negativo” toda la tripulación se lanzaba al mar obligando al incauto abordar nuevamente por el lado “correcto” de lo contrario, hasta podían desistir de la salida.

Mitos, tabúes, historias, leyendas o credos; no podemos negar que fueron creados por el hombre para defenderse o resguardarse de sus propias suposiciones y caminar sin cuestionamientos hacia un destino prefijado… lo mejor de todo ello, es que cada quién puede asumirlo como mejor le resulte. Llevar un paraguas en la lancha, escuchar las campanadas de una iglesia cercana desde un barco, ponerse a silvar en la cubierta, llevar una cámara de fotos a bordo o permitir que una mujer nos acompañe en una salida al mar… seguirán siendo algunos de los presagios que pueden llevar a una mala jornada, pero qué podemos hacer? dicen que las linternas como las supersticiones, necesitan de la oscuridad para brillar.


  HERRAMIENTAS






   Recomiendanos a un amigo
   Anunciate con nosotros
   Comentarios y sugerencias
   Agreganos a tus favoritos
REVISTA TROLEO
Calle 25 No. 101-H entre 12 y 14 Col. Chuburná de Hidalgo, Mérida, Yucatán, México.
E-mail: revistatroleo@gmail.com
Tels: (999) 948 - 20 - 40, 948 - 20 - 50
[  www.revistatroleo.com.mx  ]