Artículo
Jiggeando en Isla Mujeres
Por: Manuel SolĂ­s

Si algo disfruto plenamente es el cruce de Cancún a Isla Mujeres sentado en el segundo piso del ferry que transborda turistas cada hora de ida y vuelta. Ese corto trayecto sobre el agua cristalina con intensas gamas de azul que se dispersan debido a los frecuentes cambios de profundidad, es como un pequeño resumen de todo lo que el inmenso Caribe Mexicano puede ofrecer a sus visitantes… eso y los 2 días de pesca que nos esperaban en las cercanías de Isla Mujeres que sin duda, superarían mis expectativas.

Hacía más de un mes que programamos un viaje de pesca en conjunto con Jaime Lobato, el reconocido fabricante de los “Jimy Jigs”, y que por motivos de agenda y de mal tiempo no pudimos concretar sino hasta finales de marzo. 

La intención de Jaime desde que hablamos la primera vez era probar algunos modelos y colores que había llevado para promocionar, la mayoría jigs de entre 80 y 200 gramos y decidimos que Playa de Carmen, para muchos la cuna del jigging en Quintana Roo, tal vez no sería la mejor opción debido a su gran profundidad y corrientes que predominan estos meses donde lo ideal es bajar pesos de 300 hasta 400 gramos además de la buena condición física que exige la modalidad en esa zona, así que nos decidimos por Isla Mujeres, un lugar ideal para jiggear a profundidades que pueden oscilar entre los 80 y 200 pies, en arrecifes y puntos interesantes que guardan con gran celo algunos marineros de la isla, tanto hacia el sur como hacia el norte, a 10 ó 12 millas de la isla.

Como siempre cada vez que viajamos hasta ahí nos hospedamos en el hotel Posada del Mar, que además de ofrecer 88 habitaciones muy bien equipadas  y todos los servicios de restaurante, piscina, bar, internet  etc., se encuentra perfectamente ubicado: lo mismo para quienes desean salir a la aventura por mar –cruzando se encuentra el pintoresco muelle principal ubicado en pleno corazón del poblado-, como para los que desean pasar el día relajándose sobre algún camastro y bañándose en las tranquilas aguas que dominan la franja norte de la isla a escasos metros del hotel. Uno de los nuevos aciertos que advertimos fue la nueva tienda de pesca que los dueños del Posada del Mar establecieron para satisfacción de los pescadores que se agradece en verdad.

Después de bajar del ferry y pasear algunas de las calles principales del poblado donde ningún color está ausente entre la mercancía que desborda cada rincón de esta colorida  isla, nos dirigimos al hotel para instalarnos y conocer a la persona encargada de los destinos de nuestra aventura: el capitán Jorge Mostalac.

Ya acomodados nos citamos con Jorge en el bar del hotel bajo una hermosa palapa. Jorge Mostalac es quien dirige atinadamente los rumbos de Sport Fishing Center Isla Mujeres, empresa dedicada a la pesca de altura, la pesca inshore o costera, el spearfishing o caza submarina y muy especialmente los solicitados tours de avistamiento y nado con el tiburón ballena –nos comentaba que es guía desde hace más de 11 años y ha nadado con los gigantes en más de 8,000 ocasiones- que entre mayo y septiembre atracan en grandes grupos para alimentarse en las cercanías de Isla Contoy. Aunque no es un experto en el tema del jiggeo, es perfecto conocedor de buenas pozas cercanas de no mucha profundidad, y eso era exactamente lo que buscábamos para probar los Jimy Jigs. Tres embarcaciones Imemsa de 33, 29 y 26 pies todas con 2 motores Yamaha 4 tiempos, avíos para satisfacer cualquier servicio de pesca y con todos los permisos y requisitos de seguridad al día, forman la flota principal de su empresa.

Después de un ameno rato de conversación y explicaciones sobre el plan de pesca que Jorge nos tenía reservado, nos despedimos esperando la llegada de Jaime Lobato, que voló desde Tampico hasta Cancún con escala en la ciudad de México. El encuentro con Jaime fue  hasta pasadas las 12 de la noche pero a pesar del cansancio de un largo trayecto, el motivo de nuestro encuentro era suficiente para permanecer despiertos unas horas más. Jaime a quién no conocía personalmente, Santiago Sosa, buen amigo y amante de la pesca como pocos y un servidor nos seguimos de largo en una amena plática tipo buffet: charlamos de política, de la inseguridad que se vive en Tampico, de Isla Mujeres, de carretes, de cañas, de nudos, de líneas y claro de jigging y de jigs mientras preparábamos nuestros equipos esperando con ansias despertar de un sueño de pesca programado con mucha antelación.

Jiggeando en la parte sur de Isla Mujeres.

Por fin llegó la mañana y después del desayuno en la terraza del hotel a escasos metros del mar, cruzamos cargando cañas, cámaras, jigs y box lunch que nos preparó el restaurante del hotel, hasta el muelle de Don Enrique Lima donde nos esperaba nuestro barco limpio y bien acojinado con bancas en los costados y una nevera repleta de aguas y refrescos para calmar la sed de un día que apenas comenzaba.

Bordeamos las aguas calmadas en el litoral hacia el sur de la isla hasta un pequeño canal que comunica parte de una laguna interior hacia mar abierto. Una casa construida en un risco al final del camino llamó nuestra atención, era la fantasía de todos nosotros y estaba en venta según nos comentó Jorge, el único detalle era el elevado precio que seguro lo vale, así como una bocanada de aire limpio y puro antes de salir de esa isla de ensueño y colores vivos.

Ese primer día probamos varias pozas ubicadas al sureste de Isla Mujeres. No eran puntos muy hondos, el más profundo tal vez unos 160 pies que permitían bajar jigs de 60 a 100 gramos sin mayor problema con excelentes resultados.

Entre las primeras capturas estuvieron algunas cojinudas y bonitos que enloquecieron literalmente con el baile del modelo Calamaro de Jimy Jigs, que en lo personal me gustó muchísimo y que también resultaron muy efectivas al troleo lento con esas faldas que le agregan un factor de atracción muy provocador.

Al igual probamos varias combinaciones de colores en jigs de más peso y nos funcionaron mucho:  los pink glow que son mortales con los coronados, el tipo “Tiger” en azul con verde y rosa, el verde con blanco y el rosa con franjas blancas y azules tipo “Nemo”.  Pegamos varios buenos abadejos, jureles, pargos y  barracudas. Fue una mañana productiva con algunos atorones en piedras altas que nos hicieron perder algunos metros de línea pero nada de qué preocuparse y menos teniendo a la mano la tienda de pesca a unos pasos de nuestro cuarto.

Regresamos empapados, la marejada se había violentado después del medio día pero satisfechos por los resultados. Esa noche cenamos en el restaurante del muelle de Don Enrique el “Ballyhoo”. Nos prepararon los pargos que pescamos fritos con arroz, ensalada para acompañar, tortillas a mano y por supuesto: su golpe de chile habanero.

Resultó una velada llena de historias de pesca que compartimos con Jorge y sus aventuras con el tiburón ballena, que migra grandes distancias en determinadas temporadas, –en las cercanías entre isla Holbox e Isla Mujeres se les encuentra de mayo a septiembre- para aparearse y alimentarse principalmente de fitoplancton, larvas, peces pequeños y krill y genera una derrama económica realmente importante para esas dos ínsulas. Como a las 10 de la noche nos despedimos y nos retiramos caminando por las pequeñas calles alegres entre música y aromas de esa Isla Mujeres que tiene una vocación turística mayor que su tamaño.

Segundo día rumbo al norte.

El segundo día pintaba el clima igual de soleado pero menos ventoso. Tomamos rumbo hacia el norte esta vez a probar suerte en puntos más profundos para el jigging, esperanzados igualmente en toparnos con algún bait ball o bolas de carnada que suelen “corretear” y cazar los peces velas en grupos de 20 o más ejemplares en esta época del año, otra atractivo más que ofrece el lugar a buzos y pescadores de todo el mundo. Mientras avanzábamos a las coordenadas  indicadas,  aprovechamos para trolear por una hora y media más o menos. En ese lapso tuvimos dos strikes de velas que no lograron el enganche correcto a pesar de las maniobras de Jorge y Humberto, este último instruido marinero y mano derecha de  Jorge en las tácticas de pesca de altura con el que compartimos experiencias y amenas pláticas durante la jornada. Pero eso sí, nos divertimos con unos bonitos bastante “sobrados” que dieron buena batalla, incluso pensamos que eran atunes por la fuerza que imprimían en sus primeras corridas hacia el fondo.

Se recogieron llamadores y cañas de troleo mientras Jorge disminuía la velocidad sin despegar la vista de ecosonda. Nosotros ya estábamos más que listos  cada quién en su lugar con las rodillas pegadas en la borda del barco y los pies firmes en el piso, listos para dejar caer los jigs apenas el capitán nos indicará. La poza no era muy grande, era un lecho de piedras no mayor a los 20 metros de longitud, así que teníamos una oportunidad solamente para llegar al fondo, cobrar línea y nada más. Un tiro por pasada. 

El equipo que usé ese día fue una caña Jigstar 250 de 5 pies que la estaba probando por primera vez y la verdad, no la cambiaría por nada.  Tiene una acción formidable y combinarla con un carrete Shimano Sustain 10000 FG con sobrada capacidad de línea trenzada en bobina de 410 yardas y un peso de sólo 19 oz. resultó todo un deleite.

Apenas se oyó la voz de Jorge: “tiren ahora”, dejamos caer los jigs de 200- 250 gramos hasta el fondo…  uno, dos, tres vueltas cuando de pronto las 3 cañas se doblaron de manera brusca al mismo tiempo. Los jalones eran fuertes y seguidos, eran bichos de tamaño respetable.

Jorge maniobraba la lancha y daba indicaciones a Humberto para despejar la zona de combate, nosotros ajustando un poco los frenos…cada quién en lo suyo disfrutando el momento. El resultado: 2 abadejos y 1 negrillo con sendos Jimy Jigs modelando en poco tiempo para la fotografía.

La segunda vuelta sobre el punto fue una copia de la anterior, al grito de “tiren ahora”, bajamos y nuevamente 3 cañas curveadas hasta decir basta. A medio camino la línea de Santiago se liberó del ataque y aproveché para cederle mi caña para poder alistar mi cámara. No puedo negar que disfruté el spool del Sustain dejando salir línea y el trabajo de la Jigstar que se crecía al castigo. Jaime batallaba con al parecer otro abadejo que hacía las delicias de su Stella que alardeaba sus 50 libras de drag. Al final otros 2 hermosos abadejos de mucho mayor peso salían del agua vencidos a pesar de su resistente empeño por no dejar su guarida.

La felicidad era más que evidente, fue un gran trabajo en equipo que desató adrenalina pura con esa fiesta de capturas. No volvimos a pasar más sobre el punto, no era necesario, el desenlace de pescar con los Jimy Jigs era felizmente recompensado y decidimos retornar.

Estábamos a 20 millas de  la isla y el regreso no pudo ser mejor disfrutando unas cervezas bien “muertas” como dicen por ahí, con el tiempo justo para la cena que habían dispuesto para nosotros los propietarios del hotel Posada del Mar.

Esa noche tuvimos una velada que disfrutamos de principio a fin y a la que asistimos: nuestro capi Jorge, Jaime, Santiago,  la licenciada Diana Martínez Márquez, directora y propietaria del Posada del Mar, la lic. Guadalupe Martínez hermana de Diana, quien la asiste en la dirección del hotel -y que por cierto maneja ofertas constantes para los lectores de Troleo,- y un servidor.

Así entre platos de arrachera, colitas de langosta y por supuesto mucho filete de abadejo recién capturado nos dimos a la tarea de compartir vivencias en compañía de buenos amigos cuan larga fue la noche.

Santiago y yo salimos temprano al día siguiente rumbo a Mérida. Jaime que viajó por más días para aprovechar su estancia en la isla salió nuevamente, esta vez con el equipo de Kianahs Sport fishing Cancún, con el capitán Héctor Ojeda, Eduardo Ojeda “Pacho” y Enrique Ojeda “Bigotes”, expertos jigeros de Cancún y muy amigos de Jaime.

Me comentaba Jaime por teléfono esa misma noche cuando le preguntaba cómo le había ido, que aprendió mucho de los hermanos Ojeda. Le llamó la atención la destreza del capitán a la hora de acomodar una embarcación de 35 pies sobre la posición, -“como si manejara un carrito”- me decía, al igual que el manejo de caña y la acción que imprimen Eduardo y Enrique que hace que se vea muy fácil el jigging.

Cuando le pregunté casi al finalizar la llamada qué equipo manejaban los Ojeda para jiggear, me contestó: “en carretes usan marca Van Staal, Stellas y Avet; en cañas OTI, Jigging Master y Trevala; y en señuelos…en señuelos amigo: Puro Jimy Jig”.


  HERRAMIENTAS






   Recomiendanos a un amigo
   Anunciate con nosotros
   Comentarios y sugerencias
   Agreganos a tus favoritos
REVISTA TROLEO
Calle 25 No. 101-H entre 12 y 14 Col. Chuburná de Hidalgo, Mérida, Yucatán, México.
E-mail: revistatroleo@gmail.com
Tels: (999) 948 - 20 - 40, 948 - 20 - 50
[  www.revistatroleo.com.mx  ]