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XLIV REGATA DEL SOL AL SOL
Por: Rolando C√≥rdoba

Son pasadas las ocho de la noche del domingo 29 de abril. Un cuarto de luna menguante permite ver las velas rojas, azules y blancas del Cool Cat: un hermoso velero de 60 pies acercándose por el norte a Isla Mujeres. A bordo, la única mujer capitán de la flota de 31 veleros, que el 27 de abril, habían zarpado desde San Petersburgo en la Florida, rumbo a Isla Mujeres. De esta forma la Sra. Kathryn Garlick,  llegaba de primero, para dar inicio al arribo de los participantes de la XLIV REGATA DEL SOL AL SOL

En Isla Mujeres, la noche del 29 de abril las emociones estaban a flor de piel y toda la logística lista para el arribo y estancia de los 31 veleros y sus tripulaciones. El comité de regatas de Isla Mujeres a cargo del Cap. Enrique Lima Zuno junto a su familia, se encargaron de recibir a los participantes del evento, desde los espacios para el atraque en el muelle del Club de Yates de Isla Mujeres para cada una de las embarcaciones, los trámites, los hoteles donde descansarían después de más de 48 horas de travesía los tripulantes, y aparte, la recepción y atención a los familiares y amigos que habían viajado por avión desde el día 28 para unirse a los festejos, y todo con la eficiencia acostumbrada para este tipo de actividad.

A ello se sumaban los preparativos para el encuentro con viejos y nuevos amigos donde estaban previstas visitas a lugares de interés del estado anfitrión, como sitios arqueológicos, playas y paseos por la costa quintanarroense, así como un partido de baloncesto entre los participantes y el equipo de la isla, que lograba la victoria número cuarenta y dos, frente al equipo de los visitantes, donde las porristas de ambos bandos  encestaron la nota alegre del partido.

También en ese escenario se celebró la 43 Regata “Entre amigos”, evento donde participaron 15 de los yates visitantes y tres nacionales, para que niños, amigos y marineros, compitieran de forma amistosa, en las aguas de la bahía de la hermosa isla, formando parte de una tradición única en este tipo de competencia. Se declaró en ceremonia solemne a los visitantes a Isla Mujeres, como “Huéspedes Distinguidos” y se concretó de forma oficial el tratado para nominar ambas ciudades, como “Ciudades Hermanas”.

La ceremonia oficial de inicio de la regata, fue en St. Petersburgo, al oeste de la Florida. Ciudad muy hermosa y de grandes tradiciones del mar, de las mayores del estado y que se encuentra rodeada de aguas, donde el velerismo y los deportes acuáticos ocupan un sitial muy importante dentro del quehacer deportivo del condado de Pinellas. Sus marinas, atestadas de veleros por doquier, son un símbolo del pasatiempo preferido de una ciudad rodeada de aguas calmas y tranquilas, que propician el mejor ambiente para esta disciplina, y que comparten lo mismo, amigos, que familias junto a sus hijos.

También este evento sirvió para que por primera vez se encontraran los alcaldes de ambas ciudades, los señores Bill Foster por San Petersburgo, y por Isla Mujeres: Hugo Sánchez Montalvo, quien fuera invitado además a lanzar la primera bola de un importante juego de beisbol entre “Las Mantarrayas” de Tampa y el equipo de Dodgers de Los Angeles, propiciando un excelente lanzamiento que fue ovacionado por todo el estadio.

Las atenciones para la delegación mexicana fueron inmejorables, donde entre otras actividades, se iniciaron los trámites que culminaron en Isla Mujeres, para declarar oficialmente a estas dos ciudades como “Ciudades Hermanas”.

El “St. Petersburg Yatch Club”, sirvió de punto de reunión  y planificación, para lo que sin duda significó el evento más importante de este año, atrayendo la atención de la prensa especializada, así como canales de la televisión deportiva de los EEUU. Estos preparativos que llevaron meses de delicada agenda y esfuerzos por ambas partes, vieron sus frutos, el 27 de abril exactamente a las diez de una mañana, cuando la réplica pequeña de un cañón antiguo, lanzara al aire desde el muelle municipal, la señal para dar comienzo al evento.

Evento donde respondieron a la convocatoria, veleristas de Suiza, Hawai, así como yates de Texas, Rhode Island, Missisipi, Louisiana y de 16 clubes de yates de todo el estado de la Florida y por supuesto de México, que en esta ocasión logró sumar 2 yates, el “Time Out” y el “Sereníssima” que navegaron en total 1300 millas náuticas en 15 días de navegación total, (aproximadamente unos 2,500 km) significando una prueba de valor y orgullo para el velerismo mexicano.

Llegamos temprano a la casa de Don Esteban Lima, al norte de la ciudad de Mérida. Nos recibió la sonrisa de un hombre sencillo, que con gusto, nos favoreció con una mañana llena de historias, anécdotas y sobre todo, de la satisfacción que se siente cuando se han cumplido los sueños. Sueños que, sin importar el precio, pueden vestir de verdadera modestia al hombre exitoso, y Don Esteban Lima Zuno -sin duda- lo es.

Platicamos en su despacho, sencillo y ordenado. Las paredes y los muebles de su oficina, donde se ordenan objetos y recuerdos de varios lugares, dejan ver un hombre sensible, de aventuras y de mundo, que atesora con orgullo sus recuerdos. Cada mapa en la pared, cada punto señalado en cualquiera de las aguas, cada foto y cada recuerdo de alguna región, guardan un pedazo de la historia, que hoy, son parte del patrimonio de este hombre, que nos recibió con una camisa de blanco impecable, con el logo de las regatas, que más que un bordado a la altura del pecho, pareciera la condecoración, que quizás le deba el mar… por tanta devoción.

“Don Esteban”, -como lo conocen muchos-, tiene vividos setenta y dos años, y aunque parezca una paradoja: de vivirlos trabajando. Ello le ha permitido, una economía suficiente para educar bien a sus hijos, fomentar una familia y desarrollar un grupo de empresas exitosas -junto a sus hermanos- en el ramo turístico en el estado de Quintana Roo, como resultado del trabajo duro y la inversión oportuna y para orgullo de su familia: de un padre aventurero y visionario.

Su señor padre, Don José de Jesús Lima Gutiérrez (Q.E.P.D.) Jalisciense de origen y parte del gobierno del Lic. Miguel Alemán que lo condecoró con la medalla al Mérito Turístico en el 2009, a los 92 años, aprovecha desde un principio, cuando lo comisionan para atender el naciente sureste mexicano, para codearse con lo mejor del sector empresarial yucateco, donde hace buenas amistades y asume nuevos proyectos. Parte de las primeras inversiones de la familia, incluyeron una empresa maderera, que se vincularía a todo el desarrollo de la Península de Yucatán, desde construir la primera casa de madera sobre las dunas, de la –aún- inhóspita isla de Cancún, que en esa época era parte del municipio de Isla Mujeres, hasta ampliar sus competencias años después y asumir construcciones y proyectos de más envergadura en Cozumel Quintana Roo y Yucatán, como la construcción de importantes vías, escuelas, hoteles y puertos de abrigos, como el de El Cuyo, e involucrarse en otras empresas que aún llevan el sello familiar, como gasolineras, ferrys de pasajeros, el cultivo de la copra (plantación de coco), que nuevos empeños al fin, atiborraron durante años de altas y bajas el patrimonio familiar.

El pequeño Esteban, había sido enviado a perfeccionar su segundo idioma, en los EE.UU. Durante sus vacaciones, viajaba a Yucatán donde ya se habían establecido sus padres, para, con sus hermanos y año con año, comenzar a aprender todo lo relacionado con las faenas del mar. Con diez y siete años, Esteban, se radica definitivamente en Isla Mujeres. Allí complementa sus enseñanzas y aprende un nuevo vocabulario. Aprende qué es la botavara, la cangreja, también conoce de nudos, de limpiar pescado, pescar con cordel y con arpón, lanzar la tarraya, tirar y levar anclas y a maniobrar, para entregarse a una pasión que no ha cesado, desde que comenzó hace más de medio siglo. Lo mejor de este período de aprendizaje, hincha las velas, cuando su señor padre, manda a construir en Belice, el “Chac”, (vocablo maya que significa: Dios de la lluvia). “Chac” es un velero de eficiente diseño con 36 pies de largo, que garantizaba, además de más seguridad y confort, un poder de maniobra más amplio y una autonomía mayor, para poder garantizar como ya requerían: emociones mayores y más millas náuticas.

En el “Chac”, (en esos tiempos, yate insignia de la “flota Lima”) recorrían  grandes distancias que se convertían en las mejores experiencias, como navegar hasta el archipiélago Alacranes, a 60 millas de las costas yucatecas a golpe de sextante, sí, de sextante y brújula, que eran en esa época lo que son hoy los modernos GPS, software y equipos de cómputo dedicados a la navegación. Igual navegaban hacia el poniente, que bajaban hacia el sur, donde se tiene que navegar varias horas hasta llegar a Tulum o Puerto Morelos, o tomar la decisión de cruzar el Canal de Panamá, -una de las más exquisitas locuras- que cumplieron, partiendo desde Acapulco, y desafiando en el camino un intenso huracán en medio del Golfo de Fonseca que los obligó a varar en Nicaragua unos días, para salir de nuevo a aguas azules rumbo a Panamá, una escala en Honduras y de ahí enfilar a Isla Mujeres en un viaje de casi 5,000 kilómetros.

Así fue creciendo en el joven Esteban, la pasión por el mar y la navegación a vela, que según afirma: “es algo que no se puede describir” y que disfrutaba mucho, de la mano orgullosa de su señor padre y los tripulantes de aquel entonces -hoy convertidos en sendos capitanes- que asumían cada episodio como una nueva práctica; experiencias que compartían, mientras en tierra se ocupaban de sus labores en los hoteles y cabañas por construir, que poco a poco se fueron ocupando por un incipiente turismo, que quedaba impactado ante tanta belleza… ante tanta naturaleza por descubrir.

De esta forma, se comenzó a formar como destino, el sureste mexicano: uno de los mejores espacios de sol y playa del mundo, donde estos noveles empresarios, lo mismo salían a esnorquelear con los turistas, que a visitar los arrecifes cercanos, o salir a arponear a mar abierto. Por cierto, fue durante estas salidas, dónde se dio por primera vez el compartir con el visitante, una botana tan fresca y fácil de preparar como lo es el famoso ceviche, más, en una época donde lo que sobraba eran las buenas capturas que ofrecía el mar.

De la venta de unos terrenos en Tamaulipas –comenta Don Esteban- y el apoyo de su padre, reúnen un capital para la construcción de unas cabañas y un hotel en Isla Mujeres, todo un símbolo –incluso en la actualidad- de esa bella isla.   El Zazil-Há (como se llamó al principio y hasta venderlo), se erige cual pirámide en la punta norte de la isla, y a pesar de haber sido castigado por innumerables ciclones y el embate del tiempo, insiste, en dejarse ver desde la distancia, como monumento a una gran historia que se sigue escribiendo, en las turquesas aguas de esta región.

La visita de su papá acompañando al Lic. Alemán, para develar un busto de Juárez en Nuevo Orleans, propicia la idea de hacer unas regatas, desde esta ciudad hasta Isla Mujeres. A la pregunta de Don Miguel, sobre lo que significaba ello, el papá de Don Esteban, en ese momento Director de Deportes del Consejo Nacional de Turismo, le responde: “Velas, muchas velas sobre el mar… yates navegando y más turismo para México…” a lo que Don Miguel responde: “Lima, si ya estamos acá, podemos proponerlo…”. 

La idea original, cambia de ciudad con la propuesta de un yatista de la Bahía de Tampa que visitaba N. Orleans. Le preocupaba que para este proyecto, los veleros tendrían que remontar el río Misisipi, para llegar a la capital del blues y el buen jazz, lo que lleva a pensar en la ciudad de St. Petersburgo, como nuevo punto de partida. “San Peter” –como también se le conoce- es una hermosísima ciudad rodeada de mar, marinas y canales, perteneciente al condado de Pinellas, con una tradición muy fuerte en el quehacer de las velas, donde su Club de Yates, con más de 100 años de vida, contaba con toda la infraestructura y experiencia para ser parte del naciente proyecto.

Al regreso a México de la delegación oficial, Don Esteban, es enviado por su padre a entregar la invitación oficial del evento, que se acepta de inmediato, imponiendo por igual, la creación del Club de Yates de Isla Mujeres, que el propio Don Esteban Lima, en ese momento, ya consagrado de las velas y el mar, gerenciaría con la ayuda de otros comodoros y su familia, hasta lograr lo que hoy, es todo un símbolo de la historia y el desarrollo del velerismo mexicano.

Las regatas “Del sol al sol” cumplen el año entrante, en el 2013, su 45 aniversario de trabajo ininterrumpido, desde que las dos primeras embarcaciones, salidas de una base militar en Pensacola y con el desvelo de un pequeño grupo de entusiastas, lograra el primer trayecto en 1969, escoltados por la marina de ambos países, donde el destino, que pareciera anclar un sueño, quiso que el primer lugar de la travesía inaugural, fuera ocupado con la embarcación que llevaba el nombre de “Isla Mujeres”. 

“Este hecho, que derivó en un logro político, fue festejado con mucho entusiasmo en la isla, contando con la presencia de los gobernadores de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, entre otras personalidades de la política nacional…” –comenta Don Esteban, actual y muy querido, Comodoro del Club de Yates de Isla Mujeres.-

Han pasado cuarenta y cuatro años de aquella primera travesía, que se ha venido programando y realizando contra viento y marea sin ninguna interrupción, -lo que significa- haber sorteado durante casi medio siglo, todos los cambios de gobiernos, los ciclones, y las tormentas políticas y económicas que han sacudido a la región y el mundo, y que gracias al empeño y al amor por el mar de esta familia, ícono del desarrollo turístico del sureste del país, México mantiene una ruta, donde, a través de sus velas y el mar, se ha fortalecido un hermoso puente de fraternidad con otra ciudad hermana y que ambas, festejarán con creces esta hermandad durante su cumpleaños cuarenta y cinco el próximo mes de abril del 2013. Evento que espera romper récord de participación para festejar por todo lo alto, otro merecido aniversario a favor de las velas y la amistad; y aunque no se trate literalmente de pesca, nuestra publicación se complace con mucho orgullo, sumándose a este pequeño homenaje a la voluntad, y la pasión por el mar.

Pasión, que seguirá alimentándose de buenas experiencias y amigos nuevos, contribuyendo al bienestar, y al reconocimiento por un deporte que por su dedicación, se hace difícil superar, donde, como dijera el cantautor Fito Páez:

“Todo o poco va dejando de importar, todo, menos esos paraísos en el mar… y navegar,  y navegar, y navegar”.

 

 


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