Artículo
De pesca en Punta Allen con Héctor Yamasaki
Por: Rolando Córdoba

Punta Allen sigue siendo el paraíso para la pesca deportiva en cualquier modalidad. En sus aguas -reconocidas en todo el mundo- abunda el bonefish, el sábalo, el robalo, pargo, el lady fish, jurel, la barracuda y donde resultan muy famosas, las capturas con la escurridiza palometa. El entorno único de la bahía, la pesca, y sobre todo la estancia en “Punta Allen Fishing Club”: siempre hacen la diferencia.

Publicamos de sus dueños en reseñas pasadas. Pascale Leblanc, una francesa risueña, amiga de los deporte extremos y ávida pescadora y Tizziano Rissoto, constructor de cañas, viajero incansable, guía de pesca internacional en varias modalidades y ambos, como decimos en México: “gente a todo dar”. 

En nuestro anterior viaje, Tizziano estuvo lanzando con mi caña de spinning, diseñada y construida por Héctor Yamasaki,  y una cosa llevó a la otra. Al final de una noche de amena plática y buenos vinos, Pascale y Tizziano propusieron cursarle una invitación a Héctor para que visitara el campamento. La idea además del encuentro, buscaba más que todo, posibilitar el mejor intercambio de experiencias, como sin duda resultó.

Después de algunas semanas llegaba Héctor al aeropuerto de Mérida. Nos hicimos amigos a través de un foro de pesca que Héctor creó hace catorce años (foros.pesca.mx) que administra con sus recursos y mucho de su tiempo para los amantes de las cañas y los carretes de habla hispana, que lejos de usarlo para vestirse de hazañas -que no le gusta exponer-, con el tiempo, su dedicación y el concurso de valiosos pescadores de todo el país, este foro se ha convertido en el mejor espacio para leer y compartir experiencias sobre pesca deportiva y temas afines, siendo reconocido en una buena parte del mundo.

Héctor -y lo digo en confianza- es como los ríos, que andan por el bosque en silencio. De personalidad reservada y sencillo,  más que callado y  poco amante de aparecer en fotos...Es de esos que siempre llegan con la reflexión sosegada,  discreta, para intentar desenredar los nudos. También es considerado por muchos, el mejor armador de cañas custom, de México. Ello ha posibilitado que sus diseños se sigan solicitando desde varios países, por lo que cientos de pescadores de México y el mundo, hoy se sienten (o nos sentimos) privilegiados, cuando pescamos con una Yamasaky.

El viaje hasta Tulum fue un recuento de historias, rodeados de esa naturaleza que la Península impone, comparte y se deja transitar hasta llegar a la carretera federal 307, que inicia en Chetumal (capital de Quintana Roo) hasta el norte de Cancún. Nos adentramos como en meses anteriores, en un recorrido que puede revitalizar el espíritu de cualquier enamorado del mar, disfrutando un recorrido de más de 40 kms. con un testigo único: las aguas azules e inconfundibles de la costa más oriental del país.

Se abordaron lanchas después de una bienvenida tan cálida como cordial, para compartir el encuentro que pareciera disfrutarse por amigos de muchos años. Daríamos un pequeño recorrido por la costa, lo que, para alguien que escapa de la vorágine citadina, se tornaba un colirio de emociones; sobre todo, cuando la buena pesca inshore nos mantenía ocupados entre capturas, chistes, y el disfrute pleno por el azul mar.

Regresamos al caer la tarde. A desempacar, bañarnos y cenar. Héctor, pidió pasar a la cocina para preparar algunas capturas, buen aporte de su pasión culinaria para sorprender a todos, y un buen pretexto para descorchar antes de la cena, el buen vino que comparte siempre la casa. La cena, como ya es costumbre para los visitantes de este campamento, es un valor agregado muy a destacar, sobre todo cuando las buenas atenciones y la plática amena, condimentan las delicias, que la mezcla de cocina francesa y regional, colman siempre de buenos recuerdos, la estancia en este campamento.

La noche transcurrió entre rones, vinos y quesos, que se botaneaban con las mejores historias... lo que alguien como yó llamaría, una noche de puro aprendizaje.  Tizziano es un hombre de mundo, con una experiencia incalculable en la pesca y al igual que Héctor, hombres de tropiezos, de soluciones creativas, estudios y resultados, con mucha cultura para la vida. Tan ávidos de saber como de enseñar... con la sencillez y la humildad de los hombres sabios.

Se sumaba a este recuento Jean–Baptiste Vidal, otro buen pescador, guía internacional de fly fishing. Jean-Baptiste es de origen argentino, residiendo en Francia y que al parecer, la suerte hizo coincidir su visita al lodge, con la estancia de Tizziano y Héctor, lo que convirtió la noche, en un verdadero festín de historias y experiencias de pesca, por todo el mundo. Jean-Baptiste es un hombre joven, también escribe para varias revistas especializadas de Europa y había viajado en esta ocasión a Punta Allen por su gran pasión: la pesca del permit o palometa.

Al amanecer subí por mi café a la terraza-comedor, donde Tizziano y Héctor ya estaban en buena plática mañanera. Sobre la mesa algunas cajas de moscas, avíos dispersos y las dos cañas que Héctor había traído; su caña habitual, y otra construida especialmente para este viaje y la pesca de mar; actividad nada habitual para Héctor, tema que evidentemente dilató el desayuno en lo que Juan, parte importante del lodge, daba las últimas instrucciones antes de partir para la laguna.

Salimos rumbo sur, buscando la entrada a la majestuosa bahía, en una mañana de sol ténue, que  no podía resultar mejor.

Nos dividimos en dos grupos, el nuestro rumbo a Isla Iguana, el más poblado de los islotes que forman “Las Tres Marías” muy al sur de la bahía, y el otro grupo intentaría caminar hacia el norte, donde a pesar de estar fuera de época, se intentaría encontrar las palometas que buscaba Jean-Baptiste.

Isla Iguana tiene muy merecido el nombre. No hay rincón que no deje asomar una cabeza curiosa, o que una larga cola descubra el escondite de alguno de estos animales. El agua que rodea esta isla es tan transparente que si no fuera por el viento que movía el espejo de agua, parecíera que esta no existiera. El silencio  que nos circundaba, hacía que uno se sintiera en la isla más remota y salvaje del mundo, a cientos de millas de cualquier vestigio de civilización... lo que era “casi” una realidad.

Se realizaron muchas capturas de bonefish y lady fish, hubo  también dos pequeños baby tarpon, un robalo pequeño y ni se qué cantidad de parguitos que alegraron la mañana. Las palometas, al menos en lo que iba de mañana y por nuestros rumbos, nunca aparecieron... no se dejaron ver.

El paisaje en este lugar, resulta nuevo siempre. Siempre hay un rincón por descubrir, siempre hay un nuevo “bajo” para intentarle. La bahía es tan grande como imposible de conocer de una sola vez, lo que obliga a escuchar y dejarse llevar por los guías, que a fin de cuentas son los amos del lugar.  Cualquiera que no conozca estas aguas puede perderse con mucha facilidad. El hecho de tener que sortear pequeños islotes de manglar –muy parecidos todos- dejar una ruta por otra, o desviarse por llegar a un “comedero” en la distancia, puede hacer perder la orientación, para encontrarnos en minutos en medio de la nada, sin saber hacia donde caminar, como la peor trampa: inofensiva y paciente, que tienta al cazador incauto.

Tizziano pudo pescar varias especies con las dos cañas de Héctor, cambiaba de una a otra y comentaba a Héctor, al parecer muy complacido con sus desempeños,  lo que dejaba ver entre ambos una buena mancuerna.

Al comienzo de la tarde nos detuvimos para esperar la otra embarcación, hacer los recuentos y disfrutar del lunch, que siempre sorprende. Minutos después, se sumaba el grupo de Jean-Baptiste que sí, había podido localizar una pequeña escuela de palometas logrando dos capturas, que mostró emocionado en fotos. Un buen de chistes e historias cerraban el tiempo de descanso, para volvernos a separar hacia diferentes puntos.

Se caminaba de un lado a otro o nos volvíamos a subir para que el palanqueo del guía nos adelantara hasta éste o aquél comedero, que siempre dejaban algún saldo de capturas. Pasadas las 4 pm el cielo se llenó de grises y el viento cambió bruscamente, obligando la retirada a toda máquina. Cuando llegamos al pequeño muelle de la playa,  sin apagar el motor y  bajo la lluvia, Juan salía de nuevo, para traer remolcando una hora más tarde al otro grupo que llegaban con su motor averiado.

Habíamos compartido todo un día  lleno de experiencias y sin ser la mejor época, con suficientes capturas; para dejar en claro otra vez que en estas aguas siempre la pasamos de maravilla.

De regreso al campamento solo quedaba tiempo para un buen baño y salir de regreso. Tizziano volaba esa noche a Europa por sus compromisos y Héctor debería regresar igual, por los suyos al D.F. y para ello, aún, deberíamos llegar a Mérida. 

La despedida fue más que emotiva, algo apresurada.  El camino de 50 kms de terracería hasta Tulúm, lleno de agua y bajo una lluvia que no cesaba, nos obligó a salir antes de que se cerrara la noche. Recogí todo como pude para meterlo a la camioneta después de Héctor, que se había retirado a platicar con Tizziano, para salir minutos después y despedirmos de todos, contentos y satisfechos, porque en verdad había sido una excelente jornada, sobre todo con encuentros muy positivos para todos, como se esperaba desde el principio.

Llegamos a Mérida pasada la media noche. Bajamos todo, y al no ver el estuche de las cañas pregunté…

-¿Héctor, no me digas que se te olvidaron tus cañas? 

–No Rolo, no se me olvidaron…

Nota: De este encuentro hace 4 meses, pero no pasan más de 20 días sin que continúen llegando al correo de Héctor, fotos con enormes truchas y salmones desde varios rincones de Europa. Todas las fotos tienen alguna de las cañas que según reseñó Tizziano para una publicación europea: “Se la obsequió Héctor Yamasaki, un buen amigo de México”


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