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Chinchorro "El quita sueños"
Por: Manuel Solís

 “Era un grupo de periodistas de la TV  brasileña y de los 10 diez días que tenían para filmar algunos puntos de interés en el estado de Quintana Roo, 5 días seguidos se quedaron en Chinchorro, así de impactante es”… fue la respuesta de Chencho cuando le pregunte acerca de Banco Chinchorro, del que había escuchado  algunas de sus fabulosas historias que se relatan desde los tiempos de la Colonia y la describen como un lugar incomparable, envuelto en un velo de misterio, sueño hecho realidad de grandes aventureros y pesadilla de innumerables embarcaciones, que, navegando desde Cartagena Colombia hasta La Habana y de ahí hasta España, habían perdido el rumbo y encallado en alguna de las paredes del gran arrecife, generalmente después de enfrentar el mal humor de las fuertes corrientes y los vientos dominantes de esa parte del Caribe.

-¿Listos para el viaje?-

Poco antes de las 8 de la mañana, a escasos 20 metros de donde nos hospedábamos, abordamos una embarcación tipo tiburonera de 26 pies bastante cómoda,  con dos bancas a los lados y toldo de fibra, dispuesta principalmente para viajes de buceo y esnorquel que ofrece  la empresa Tritones, conocida por la seriedad y atención de su propietario Inocencio Romero o “Chencho” como lo conocen todos en Mahahual y que en este viaje nos acompañaría al igual que su marinero Pedro apoyándolo en las labores de orden y limpieza abordo. Con todos los permisos requeridos para visitar una zona protegida como Chinchorro nos hicimos a la mar.

El día empezaba de maravilla,  poco viento y mucho equipo para probar. Formábamos el grupo de pescadores mi hermano Mauricio, Santiago “Chano” Sosa  de la tienda Adictos y un servidor.

Salimos de las playas de Mahahual troleando para ver si prendíamos algún dorado tempranero una vez que bordeamos el largo arrecife que resguarda la zona de la Gran Costa Maya, donde la profundidad rebasa los 500 metros. No pasaron muchos minutos para que la brisa marina de esa hermosa mañana que olía a contienda y nuestras ganas de llegar a Chinchorro, apremiara subir las líneas para acelerar el paso en una travesía de poco más de 30 kilómetros y una hora y media de viaje.

En las inmediaciones del enorme arrecife, donde el atolón coralino comienza a elevarse, decidimos parar a probar suerte con el equipo de jigging que llevábamos para la ocasión: un carretere Okuma Cedros 65, un Daiwa Saltist 65000 y un Shimano Saragosa 18000.

Desde los primeros lances que realizamos, se asomaron algunos jureles y sierras a media agua que deambulaban la zona. No había mucha corriente y decidimos probar unos jigs de Williamson Lures: los Arrow Head de 140 grs. La pesca era al garete ya que como nos comentaba Chencho: primero, porque es casi imposible sacar un grampín cuando se traba en alguna de las estructuras que resguardan el arrecife;  segundo, es mantener sin daño alguno el sistema coralíno y tercero porque la pesca es más productiva en largas estructuras de fondo marino como la de Chinchoro.

Es increíble como en unos pocos metros que avanzamos con la corriente, pasamos de 150 pies a  más de 500 pies, en la franja donde cambian los tonos turquesas del agua y donde los súbitos tirones en el fondo dejaban sentir peces de gran talla y peso… estábamos pasando sobre la zona correcta. 

Mauricio y Chano enganchaban los primeros  pargos lunares que  nos daban la bienvenida a esas aguas para nosotros desconocidas. Otro buena captura de un abadejo, hizo sudar a Chano, sometiéndolo  a un tremendo esfuerzo debido a la gran profundidad y a que la línea se tendió demás por el movimiento constante del barco. La alegría se festejaba a bordo cuando era izada la pieza que sería el almuerzo del día. Devolvimos sanos y salvos  varios pargos, abadejos y algunas mojarras y barracudas que dieron buena pelea.

Definitivamente el jigging es de las modalidades que más me gusta. La adrenalina que fluye por el cuerpo cuando se trabaja a grandes profundidades y sentir inesperadamente el arrebato del jig es sumamente adictivo. Sin duda es una forma extrema y violenta de pescar, los piques son muy fuertes considerando la fuerza de ataque del pez más la fuerza con la que se mueve la caña.

No hay contemplaciones ni medias tintas porque si el pez te gana unos metros y se encueva adiós pez y adiós arreglo y nos encontrábamos en un lugar donde existían muchas probabilidades de que el pez ganara la contienda.

Hasta ese momento todo andaba de maravilla, cansados, con los brazos agotados pero increíblemente satisfechos.

Eran las 2 de la tarde y en el horizonte se asomaban algunos nubarrones;  los pronósticos para ese día marcaban hasta un 80% de probabilidades de lluvia así que resolvimos dejar un rato la pesca y visitar una de las tres islas que componen Chinchorro que aun nos quedaba a un par de millas de distancia.

Banco Chinchorro.

Banco Chinchorro es un complejo arrecifal coralino (alberga más de 70 especies de corales) formado por un conjunto de atolones que encierran una piscina natural de 70 km de largo por 25 km de ancho, protegida por un arrecife de 20 metros de espesor y fue decretada Reserva de la Biósfera en 1996 . Es una de las estructuras más grandes de su tipo en la cuenca del Caribe y la mayor en México y su nombre (Chinchorro), se deriva del parecido que tiene con la forma de una red caribeña usada para la pesca de escama en aguas costeras

Cuenta con lagunas arrecifales  interiores que se comunican con aguas oceánicas y lo más interesante es la presencia de tierra firme, que aunque es escasa, permite visitar sus tres islotes distribuidos en el centro y los extremos norte y sur: Cayo Lobos al sur, el de menor superficie cuya escasa tierra firme permanece expuesta directamente a las corrientes caribeñas que han provocado cambios en su forma física durante el transcurso del tiempo, como lo atestigua un viejo faro ahora emplazado dentro del mar. 

Cayo Norte, donde existen dos faros, uno construido a principios del siglo pasado e inactivo y otro más reciente que está por cumplir 50 años funcionando  y  Cayo Centro, el más grande de todos y como indica su nombre, ocupa la porción central del arrecife con 5 km2.

Este pedazo de tierra está compuesto por suelos fangosos, áreas inundables, una parte de playa arenosa y es un sitio de vital importancia para la anidación y descanso de aves migratorias y para el desove de tortugas marinas.

La vegetación de Cayo Centro es dominada por el mangle rojo, palmas de coco y algunas plantas rastreras y arbustos propios del continente. La laguna “Los Rabios” (llamada así porque de noviembre a mayo, en las ramas del mangle anidan cientos de rabihorcados o fragatas) se encuentra en el interior del cayo y está comunicada con el mar por canales y estrechos naturales creados por el flujo de agua. Cuando las tormentas o huracanes azotan la región, los pescadores utilizan este sitio para refugiarse y proteger sus embarcaciones hasta que pasa la perturbación atmosférica.

Entre la fauna de ese pequeño islote podemos encontrar cocodrilos, iguanas, anolis (unas iguanas verde fluorescente, con colores azules y violeta en los costados, endémicas de Banco Chinchorro), y cangrejos ermitaños.

A poca distancia de la playa destacan sobre el mar, 4 casitas de madera y cartón, conocidas como palafitos construidas sobre pilotes de madera a un metro de altura sobre el nivel del agua.

Nos comentaba Chencho que eran 12 palafitos los que habían construido los pescadores de las cooperativas pesqueras de Mahahual e Xcalak desde hace muchos años para sus estadías en esas aguas durante los meses que duraba la temporada de pesca de langosta y caracol rosado, actividad de mayor relevancia económica para los pescadores de esa zona,  pero el paso del huracán Dean en 2007 fue implacable.

Chinchorro siempre a sido un lugar mágico, atrayendo aventureros y exploradores desde épocas remotas. Su situación en el mar caribe, dentro de las rutas marítimas de los barcos y su peculiar forma en medio del mar lo hacía  perfecto para realizar emboscadas y saquear barcos, por eso se ganó el famoso mote de “El quita sueños”, y hoy ha dejado muchos restos de navíos hundidos inclusive algunos barcos modernos que también han sucumbido y que se pueden ver a la distancia y dejar volar la imaginación.

Hoy la soledad de estos naufragios sólo es interrumpida por gaviotas y golondrinas de mar que se han adueñado de los cascos enmohecidos para descansar y frecuentemente anidar entre sus restos.

Matraca.

Es realmente impactante ver el espectáculo de Cayo Centro a unos cuantos metros de distancia: el agua prístina de una piscina natural que nos transporta a un mundo de fantasía viendo como un cocodrilo nada tranquilamente bajo los pilotes de los palafitos, pasando junto a rayas pintas, barracudas, pargos, cazones, agujas gigantes y varias  escuelas de 100 ó 200 macabís y lady fish  que rondan todos los días la zona.  Ni en mis mejores sueños podría haber fantaseado con lo que tenía frente a mí.

Nos acercamos al mejor palafito de la “privada” y ahí asomaba saludándonos en la terraza de su casa el famoso “Matraca”. Muy pocos conocen el nombre de este hombre cordial, conversador y muy simpático: Néstor Marín, pescador oriundo de Xacalak, de 63 años de edad de los cuales 50!!! ha morado en Chinchorro. Así es el amor de este hombre por Chinchorro al que le llama hogar ya que su “casa de verano” –como nos comenta- esta en Xacalak donde vive su esposa, hijos y nietos y donde tres o cuatro días de cada mes,  viaja para estar con ellos. 

Pegamos el barco al palafito y nos bajamos a estirar las piernas y no dejar de asombrarnos por toda la riqueza natural del lugar mientras Matraca alistaba el pescado que llevamos para hacer un suculento ceviche.

Chencho y Matraca conservan una buena amistad y una estrecha “alianza comercial” ya que se ayudan mutuamente, uno llevando combustible, hielo o comida y el otro ofreciendo su casa como zona de esparcimiento y descanso a la gente que lleva Chencho a pescar y mayormente a bucear  a ese paraíso idílico y único en el Caribe Mexicano. Inclusive se puede vivir la experiencia de dormir en el palafito y salir temprano a recorrer las lagunas interiores en busca de sábalos y palometas en lugares privilegiados que Matraca conoce mejor que nadie.

Después de una estupenda “botaniza” y la amena plática de Matraca y sus aventuras en ese paraje (incluyendo la película Alamar que fue rodada en Chinchorro y de la que fue orgulloso protagonista),  nos embarcamos nuevamente acompañados ahora de nuestro nuevo guía de lujo, para salir a probar suerte cerca de un barco hundido a unos dos kilómetros de ahí.

Apenas saliendo advertimos nuevamente la escuela de macabís frente a nosotros, situación que alegraba la vista y hacía palpitar el corazón. Ahí mismo paramos  un momento mientras preparamos algunas gomas y cambiar las varas de jigging por el equipo ligero que teníamos preparado. Al primer lance enganchamos, no había que ser certeros, los peces ahí estaban enfrente, apiñados uno sobre otro,  era un sueño casi ficticio de cualquier pescador con caña de mosca. 

El poco viento que soplaba calmó mientras peleábamos y disfrutamos a esos gladiadores de los flats y decidimos aprovechar el mar plato para  jiggear un rato más en una de las pozas secretas de Matraca.

La profundidad era considerable, unos 80 metros y cambiamos los jigs por unos de 200 grs; Mauricio fue el primero en despachar el jig al fondo y esperando un tiempo que parecía interminable tocó fondo. No tardó ni 10 segundos y el carrete chillaba llamando la atención de todos por la rapidez del enganche. Pero más llamó la atención cuando comentó con voz desesperada: -Algo le pegó ...ya no siento el jaloneo…- y efectivamente, ya en la superficie vimos un pargo sin la cola dejando una estela de sangre tras de sí. Y la escena se repitió cinco o seis veces más sin conseguir sacar un pez entero.

Pensamos que se trataba de una barracuda muy grande que merodeaba gran parte de la columna de agua y a esa profundidad no tendríamos ninguna oportunidad contra ella, pero cuál fue la sorpresa cuando Chano logró por fin subir un mero a la superficie y un metro atrás, un par de tiburones toro seguían atentos su trayecto… por fin nos vimos cara a cara con los cuatreros que se estaban despachando nuestra pesca sin mayores contemplaciones. Que espectáculo ver esos formidables custodios del arrecife en sus dominios, en su territorio de caza y contra eso no podíamos hacer gran cosa... solo admirarlos.

Esperamos un rato a que nuestros amigos se fueran y logramos dos barracudas grandes que sacamos enteras y que devolvimos al agua.

Regresamos más que satisfechos a la casa de Matraca para tomar algunas fotos como recuerdo de esa estupenda estadía en aguas tan productivas que donde se pare se pesca.

Pensamos seriamente en quedarnos esa noche a dormir en el palafito para al día siguiente muy temprano recorrer las lagunas interiores de Cayo Centro  y recorrer el otro extremo de la isla donde se ubica el campamento de pescadores y el centro de investigación de la Comisión Nacional de Areas Naturales Protegidas (CONANP), donde se realiza una estupenda labor de conservación y protección de la flora, fauna y arrecifes en toda el área, pero ya era tarde y en el horizonte se dejaban ver  luces relampagueantes que  advertían una tormenta que tomaba rumbo al este franco hacia Chinchorro y decidimos dejar esta visita para otro día.

A las 9 de la noche pegamos en la costa de  Mahahual  frente a un palapa bien iluminada y decorada con boyas, timones, quillas y objetos marinos que recalan en la costa y se aprovechan para adornar casas y comercios. Era el centro de acción de Chencho y ahí ya estaba dispuesta una mesa donde nos servirían asado de pargo que llevamos, arroz y ensalada de la casa…imposible pedir más a nuestro anfitrión y su empresa Tritones por ese gran encuentro entre amigos. 

Al final regresamos a nuestro hotel, agradecidos del gran desarrollo turístico que ofrece Mahahual, un lugar excepcional, para planificar las vacaciones de pesca, buceo o de recreo y disfrutar de los encantos de sus playas vírgenes con mucha naturaleza aun por recorrer o aventurarnos mar abierto y revelar el milagro de Chinchorro “El quita sueños”, ese que hace siglos fue causa de preocupación y nerviosismo de arriesgados marineros y hoy es origen de desvelo de muchos pescadores como nosotros...ante la emoción que antecede su encuentro.

 


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