Artículo
De una caña, de un amigo y de un reloj.
Por: Rolando Córdoba

 PRIMERA PARTE: De una caña.

Resulta muy difícil hablar de alguien cuando hay tanto que decir. Lo increíble es que fuera de su círculo de amigos cercanos se le conoce poco, tanto que hasta continúa sorprendiendo a los que contamos día a día con el ser humano que se resguarda en su sencillez, alejado de todo síntoma de popularidad para aprender más que compartir cualquier actividad junto a él.

“La modestia es el complemento de la sabiduría.”  -diría  Bernard de Fontenelle y Héctor Yamasaki es un hombre sabio.

Amigo de los amigos hasta el susto, de esos con los que se puede pensar en voz alta y que siempre sabes que va a entrar, cuando todos salieron.  Conocedor como pocos del arte de la pesca (aunque apenas tiempo tiene para ello) Héctor, también es el creador y administrador del mayor foro de pesca deportiva en México y habla hispana del mundo, que a pesar de la dedicación por más de una década y el empeño que ello implica, se engrandece cuando quienes lo conocemos, sabemos que lo hace por el simple placer de propiciar la amistad entre los pescadores, el conocimiento de la  pesca y sobre todo la fe en el ser humano.

Pero Héctor no solo es programador. Además es padre de familia, consultor para varias empresas en términos de programación, administrador general del foro y también, es el mejor constructor de cañas en México donde cada una de sus piezas llevan un sello único, distintivo de un nivel de calidad que no puede ser comparado con ninguna caña de serie.

Mi primera Yamasaki, fue de troleo, una Galaxhy de apenas 5,3’ que más de uno ha probado con los mejores testimonios. Diseñada con guías en espiral para línea de 20 libras (IGFA) que se ha comportado como toda una guerrera peleando con coronados, petos, barracudas y jureles de muy buen “jalar”, nunca me he sentido inseguro con esa vara que lleva conmigo más de 4 años y se comporta como el primer día.

Hace una semana me llegó mi segunda caña salida de las manos de este luthiers del mar. Mi petición fue sencilla: precisaba una vara de 6,6 - 7 pies, para uso de señuelos de goma y superficiales que me permitiera un gran manejo en el recobro, por lo que debería ser muy liviana, con fuerza necesaria para la pelea con buenos sábalos, robalos y otras especies de orilla y el estero y la selección del propio Héctor (que dejé a su consideración) no pudo ser mejor: armando uno de sus modelos “Sphyn” de 7 pies de poder M, de acción moderada rápida, para líneas de 8-14 lbs (mi promedio de línea  en mono es 10) y  pesos de lure de ¼ a 5/8 oz  recomendada según el fabricante del blank para: All purpose trout / redfish / inshore / popping corks poping.

Las guías y el tip  de acero inoxidable grado marino con anillo de Nanolite para uso de línea trenzada. Lo que sería el mango inferior se diseñó con el blank totalmente expuesto y finalizando en una pieza de corcho y eva de forma ovoide, con un tope de caucho al final  y como le insistí: de dos piezas.

¿Qué decir cuando se tiene algo así en las manos? alarde de buenos terminados y un encordado impecable (acorde con los tonos de mi Symetre) y donde el mínimo de accesorios y partes,  conforma una caña en extremo simple, elegante “casi minimalista” –como diría un amigo arquitecto, con un peso que no llega al equivalente de una caña de las mejores, de 5-6 pies.

El desempeño es extraordinario. Lo más notable es como se comporta en los casteos donde por primera vez -que nunca fui  muy certero con mis lances- estoy logrando poner el señuelo en puntos más precisos y distantes, que evidencia un eficiente cálculo en la colocación de las guías sobre puntos específicos y que los fabricantes de las mejores cañas en serie no pueden garantizar por el mismo flujo de producción.

Su largo de 2 piezas se comporta como un blank único de extrema sensibilidad por la forma tan ajustada que embona una parte con la otra. El guarda anzuelo tiene el mismo diseño rectangular de las mejores cañas, fabricado con alambre de acero inoxidable de muy buen calibre y como todas las entregas de Héctor, llegó envuelta en su funda de protección que anuda el extremo con una cinta o listón.

En la práctica me llamó mucho la atención cuando recobraba  un jigheads rozando el fondo y disfrutar más que descubrir, una sensación muy clara de como el jig venía tropezando muy leve en el lodo o cuando topaba con alguna parte dura y al momento en que lo subía para prevenir algún obstáculo, volver a sentir cómo “tocaba” fondo de nuevo... muy sutil; sensaciones que honestamente quiero confesar que jamás había sentido y menos, de forma tan evidente. Por otro lado, el cuidado en la artesanía  para darle forma a los pequeños corchos, la combinación y factura de los encordados así como un muy efectivo tapón de caucho al final del mango para evitar maltratos, conforman un final en forma de huevo que a pesar de lucir muy bien estéticamente, no molesta para nada cuando llega a golpear en el antebrazo, consecuencia del muñequeo durante el recobro.

Pude usarla antes de escribir estas líneas con sábalos y robalos usando jerk baits, poppers y shad con pesos desde 1/8 hasta 1/2 oz respondiendo muy bien con cualquier peso. A la hora de las peleas disfrutamos ver como dibujaba un arco muy “limpio”,  corroborando la correcta colocación de las guías. Me gustó mucho que la primera anilla se encuentra casi en el borde del primer tramo de caña logrando una muy buena distancia hasta el carrete, con menos roce de la línea con la primera guía para casteos más largos.

La forma de agarre se puede catalogar de “perfecta” muy cómoda incluso para otros pescadores que la probaron, permitiendo soportar largas horas sin cansancio alguno y el largo del mango se comporta muy bien cuando retiene con el antebrazo el latigueo de la vara.

Desgraciadamente para ambos, Héctor radica en el D.F. y yo en Mérida, y sobre todo por los tiempos de cada quien me fue imposible visitar la capital y entre otros planes conocer su taller, algo que tengo en la mira desde hace mucho tiempo.

Conozco con creces cuando se habla de un proceso de creación, de la mística de cada intento y lo que duele -porque sí duele- concluir satisfecho cada esfuerzo. Me imagino ese espacio como la lámpara al genio: propio y suyo y que se adueña de su mejor tiempo para crear más que cañas: piezas únicas de la ingeniería y la estética que sin duda ya forman parte del orgullo, las historias y los triunfos de muchos pescadores.

No hay más, les dejo algunas líneas y fotos que Héctor me hizo llegar por mi insistencia, para tratar de ofrecer algo más de su persona con algunos testimonios que hablan por él, que agradezco mucho y que demuestran el respeto y la admiración por el trabajo de este amigo de todos, constructor de sueños.

SEGUNDA PARTE: De una amigo.

¿Qué hay de ti, la pesca, tu primera caña?

No me acuerdo cuándo empecé a pescar la verdad, quizá a los 6 ó 7 años, con lata, un trozo de línea, una tuerca como plomo y anzuelo: para pescar mojarritas en ríos que no me acuerdo, excepto el río “Las Estacas” en el Estado de México. Luego, con cañas de spinning, de fibra, truchas en Zempoala, Salazar y ocasionalmente en la presa Iturbide.

Pescaba solamente durante un mes o mes y medio durante las vacaciones de verano en Tecolutla, pues ahí, el que era patrón de mi papá tenía una casa en la playa que le prestaba. Ahí pescábamos con lata, sedal y anzuelo. A veces con las mismas cañas de fibra que no sé tampoco de dónde salieron pero imagino que eran de mi abuelo. A los 18 dejé de pescar porque me tocó marchar y no podía faltar, para dejar de ir a Tecoluca y se acabó la pesca.

Hasta más o menos 1990 volví a pescar porque el papá del que fue mi socio por años, era muy pescador. Empecé de nuevo en los criaderos cercanos al DF, principalmente “Entre Valles”, “El Pedregal” y “ArcoIris”; solo con cañas de spinning y “spinners” hasta 1994, cuando compré mi primera caña de mosca (un combo), una Pfleuger de grafito de pésima factura y por supuesto impropia para un pre-novato.

En ese mismo año, por consejo de Antonio Jaques Jr. compré otra, una Fenwick HMG (de las pocas que se fabricaron en México, específicamente un Yucatán) del #6, caña que aún conservo y que fue víctima de mis pininos cambiando guías. En el estacionamiento de la fábrica de los Jacques, Toño me medio enseñó a lanzar.

Luego tuve (y conservo casi todas) una caña, también Fenwick, y otra china (Marado) que me obsequiara el querido y ya finado Don Toño Larre. Y otras cañas (6) OEM, sin marca, hechas en Corea que me enviaron como muestras pues ya entonces, por esas fechas, me nació la idea de traer cañas de oriente. Esas cañas están mal contruidas pero los blanks son bastante decentes. Eso fue porque tenía relación comercial con una de las empresas coreanas más grandes: Daewoo de donde importábamos circuito cerrado de TV casero.

La idea no prosperó y los negocios que teníamos con Corea se acabaron, porque en 1977 se dió la crisis financiera de oriente que se conoció como “efecto dragón” como consecuencia indirecta de otras crisis, incluida también la mexicana del 94/95 (“efecto tequila” o “error de diciembre”).

En el inter, me dediqué a repara cañas de la familia y para ellos construí un equipo bastante feo e impreciso, pero que me permitió ir descubriendo algunas cosas sobre el tema. Y tuve acceso a 2 libros clásicos sobre construcción de cañas. (pero como dicen: la adquisición de libros es otra historia). Hice un par de tornos para entorchar y un torno para hacer mangos. El primer mango de corcho que hice (no comprado), lo hice a lija, usando un técnica que mi jefe me contó que su jefe -o sea mi abuelo-, usaba para fabricar trompos de juguete pues carecía de algo parecido a un torno.

No volví al tema de manera más seria, sino hasta 2002 o 2003 cuando con la internet ya en franco desarrollo y con el comercio electrónico un tanto maduro, quise comprar un kit Sage, pero por diversas circunstancias no se pudo comprar hasta el 2004, junto con otros 4 amigos, compramos partes para hacer 5 cañas de mosca; donde se suponía cada quién construiría su propia caña, pero como es usual: acabé haciéndolas todas yo.

Con el equipo hechizo que comento, ya pude construir algunas otras cañas para otras personas, todas ellas de mosca, hasta que me pidieron una de casting. Esa caña, tristemente ya no existe, se perdió en el agua.

¿Y del taller?

Con las ganancias que se ha obtenido, me he ido haciendo de equipo de nivel profesional para las cañas, como un torno para entorchar, además de tener un poco de inventario tanto de blanks como de componentes. Actualmente, el taller cuenta con un torno para entorchar, un secador, dos secadores hechizos, un torno para metal que le compré a mi suegra (un viejo pero excelente torno inglés de 1940), un minitorno, una minifresadora, un taladro de banco y una cantidad de herramientas variadas tanto compradas como hechas a mano.

Se habla mucho de la calidad de los componentes que usas, ¿en ello radica el precio y la calidad de tus cañas?

Desde un principio he procurado usar componentes de la mejor calidad posible,  ya que creo que si uno va a gastar en algo que le gusta y más si es mandado a hacer, se debe adquirir lo mejor que el bolsillo pueda.

Si se compara el precio de mis cañas, con el precio de las cañas top line de marcas comerciales muy conocidas como Gloomis, St. Croix, Shimano, Sage, Orvis, Kistler y otras, estoy por debajo o a la par de esos precios, a pesar de que hablamos de una caña fabricada en exclusiva para cada cliente, comparada con miles de cañas iguales para el resto de los pescadores. También me aseguro que cada caña sea única, ello es uno de los valores de las cañas que produzco.

Sin embargo, desde el punto de vista técnico y como dijera alguien -faltando a la modestia- mis cañas son, desde casi iguales a incluso superiores a muchas de éstas: Cada caña que confecciono, pasa por un proceso de pruebas y mediciones que me lleva un tiempo y unos cálculos para cada pieza que son los que al final garantizan el mejor desempeño de cada caña y ello no se puede tener en cuenta en las cañas comerciales, porque no resulta rentable.

La caña comercial tiene como principal objetivo maximizar la utilidad sin despreciar la satisfacción del cliente; pero no es lo mismo crear un producto para un cliente directo con especificaciones únicas, que crear productos masivos para compradores anónimos, por eso la eficiencia de mis cañas, porque están creadas según el gusto y la necesidad de cada quién.

Se ha hablado mucho de las guías en espiral, ¿por qué no se fabrican cañas de este tipo en serie?

Con respecto a las cañas Galaxhy como la tuya de troleo y otras que he hecho para bait casting. Este nombre se lo puse pensando en las galaxias espirales ya que la espiral en que se acomodan las guías son muy semejantes a esa estructura.

¿Entonces es un invento tuyo?

No, no, el sistema de las guías en espiral no es de mi invención, fue ideado y patentado en 1909 por Jhon Scanlan de Chicago, o sea hablamos de... hace más de 100 años.

Pero dada las leyes que amparan las patentes, sobre todo en los EEUU. este diseño nunca no pudo ser llevada a líneas de producción, lo que impidió que se fabricaran y comercializaran por las marcas de siempre y por tanto no prosperó, pero es un diseño que ya sobrepasó el siglo y sigue teniendo vigencia.

A partir de la terminación de la patente este sistema se ha popularizado -con algunas variaciones- en el medio de las cañas custom o cañas por encargo. Se puede usar en todas las cañas en donde el carrete está encima de la vara ya sean para agua dulce o salada, ligeras o extrapesadas incluyendo cañas con poleas de guías convencionales.

La verdad, tiene muchas ventajas sobre las cañas que usan las guías de forma tradicional y no es cosa de enumeraras, porque  para cada caña puede funcionar de manera diferente, creo que lo mejor es preguntar a quienes ya usan cañas construidas con éste sistema.

¿Tu mejor caña hasta ahora?

Creo que la voy a empezar pronto…

TERCERA PARTE: De un reloj.

Para quienes disfrutamos el placer de la lectura hay nombres que tienen la maestría de ofrecer un cuento corto para quitarnos el sueño como el café y además dejarnos un buen sabor de boca. Julio Cortázar es de esos nombres y“Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj” es de esas historias difíciles de olvidar, donde Cortázar reflexiona muy a lo Cortázar sobre su sentido de la posesión o el ser poseído.

No sé si les sucedió a los que también son dueños de una Yamasaki. Lo que sé es que este cuento fue lo primero que me vino a la mente cuando recibí mi caña; cuando pensé a pesar de mi resistencia, que podría terminar siendo el ofrecido.

“Piensa en esto cuando te regalan un reloj…no te dan solamente el reloj suizo con áncora de rubíes; te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.”  Julio Cortázar.


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