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Holbox: leyendas de un paraiso
Por: Manuel SolĂ­s

Antiguo refugio de bucaneros como el capitán Laffite, Francis Drake y Francisco de Molas, quienes llegaban a la isla para resguardarse de los temporales y abastecerse de agua dulce,  Isla Holbox fue asolada por muchos piratas durante los siglos XVIII y XIX.

Crónicas y leyendas narradas por  los residentes locales, hacen alusión a varios sitios donde estos visitantes enterraron sus tesoros. No obstante, este apacible pueblo de pescadores con casi 1,500 habitantes, en su mayoría procedentes del sureste de la Península de Yucatán,  -además de muchos nuevos residentes, que como los antiguos piratas, también proceden de Europa-, cayeron embrujados ante la belleza extraordinaria de la zona.

Ubicada al noroeste del Estado de Quintana Roo, a hora y media de Cancún,  Holbox, cuyo nombre significa hoyo o hueco negro, es el lugar donde convergen las aguas cálidas del Golfo de México con las transparentes y azules del Mar Caribe, lo que deriva en una fuente de inagotable comida para peces y aves marinas.

 Holbox  también es parte de la reserva del  Parque Nacional de “Yum Balam”, enorme área de 157,000 hectáreas que incluye selvas, humedales, manglares, lagunas y costas, lo que origina una enorme diversidad biológica.

 No hay nadie que haya visitado Holbox y no quede prendado de sus playas,  sus atardeceres, sus noches estrelladas y la suave brisa que embriaga de tanta belleza.

Hasta ahí fue Troleo en una visita acordada semanas antes a invitación del señor Jose Lima Zuno, propietario del hotel Casa Maya y uno de los principales fundadores y promotores de la isla para otorgarle a Holbox el distintivo de ser uno de los destinos más importantes de la pesca deportiva en el país. El hecho es que Holbox  ya es visitado por pescadores nacionales, gente de Yucatán y Quintana Roo en su mayoría, que desde hace varios años busca en la pesca de fondo y media agua, variedades como el negrillo, abadejo, mero, pargo, coronado, jurel, peto y el apreciado esmedregal, cobia, o falso bacalao como le llaman en algunas partes del país, con resultados positivos  la mayoría de las veces, pero en lo personal, deseaba visitar la isla para tener un encuentro con uno de los ejemplares más formidables que la pesca deportiva pueda ofrecer: el sábalo gigante.

Hay que comentar que Holbox es un paraíso para la pesca de esta especie, desde los muchos de sus esteros y canales de mangle que son verdaderos criaderos donde habitan miles de pequeños sábalos de unas 2 libras de peso, hasta gigantes de más de 200 libras que podemos encopntrar en esas aguas claras bendecidas con uno de los hábitats de sábalo más grande del mundo en mar abierto.

La llegada al Casa Maya

Mi llegada al Hotel Casa Maya fue con una grata  bienvenida y una amena plática con Don José, persona de gran talante y disposición, proveniente junto con sus dos hermanos Esteban y Enrique, de una importante familia de empresarios y desarrolladores en el ramo turístico de Quintana Roo, en especial Isla Mujeres, donde su padre José Lima Zuno Gutiérrez es considerado uno de los fundadores del milagro turístico que es hoy todo el estado de  Quintana Roo.

La verdad es un honor platicar con gente como Don Pepe, hombre mayor que lucha incansablemente por impulsar la isla y que vimos todos los días de nuestras estancia trabajar hasta altas horas de la noche enviando mails a otros prestadores de servicios turísticos del lugar para avisar de nuestra llegada y poniéndonos en contacto con ellos para concretar alguna propuesta de trabajo y poder promocionar otros atractivos de Holbox en números posteriores de Troleo.

La conversación  que sosteníamos fue interrumpida por una llamada de dos excelentes amigos y compañeros de pesca que venían directamente desempacados del estado de Veracruz: Angel Luis Requejo “El Piolo”  y Ricardo Ruíz Malpica, que pisaban la isla por primera vez. En un carrito de golf –único medio de transporte dentro de la isla- fui a buscarlos al muelle donde el ferry hace sus paradas para subir y bajar  a la gente que transita de Chiquilá en tierra firme, hasta Holbox  y viceversa en un viaje de poco más de 30 minutos.

Después  de los saludos de bienvenida, retornamos al hotel y con todo el equipo de pesca seguro en los cuartos, nuevamente otra llamada interrumpió la platica …-”¿ya llegaste,?.. te paso a ver en 5 minutos y vamos a cenar para saber qué quieren hacer mañana”. Ese era Alejandro Vega mejor conocido como el “Ruso” para los que hablamos castellano,  ya que para los extranjeros es el popular “Mr. Sandflea” –o el Sr. Chaquiste.

El Ruso es una de esas modernas leyendas que tiene la Isla, que surgen gracias a su magnífico trabajo como experto guía y conocedor entre otras cosas del comportamiento y desplazamiento del sábalo en los mares y esteros de ese punto del Caribe Mexicano. Esto aunado a su destreza como pescador de fly fishing, el conocimiento de cada uno de los rincones de la zona y su generosa camaradería que nos hizo sentir más que bienvenidos a su mundo y a sus aguas.

Abordamos nuevamente el carrito de golf para dirigirnos a cenar a uno de los mejores restaurantes de la isla: El Mangle, ubicado en el hotel Villla Flamingos,  sin duda, uno de los mejores conjuntos de cabañas ecoturísticas  enclavadas en un jardín natural .Al llegar ya nos esperaba el director del hotel Don Carlos Grauches Deya, que nos dio la bienvenida al lugar y nos invitó a degustar unas copitas de vino de la casa y algunas entradas tradicionales del restaurante como agua chile, pescadillas, tiritas de pescado en salsa de chile habanero y guacamole con mango.. uff! .

Ya entrados en plática de pescadores, entre bromas y risas, el Ruso nos comentó que días antes había visto una buena escuela de sábalos no muy lejos, como a 4 millas de Cabo Catoche que es la “punta” del territorio continental de Holbox y determina la división entre las aguas esmeraldas del  Golfo de México y el azul turquesa del Mar Caribe. Esa era una magnífica noticia, lo único que implorábamos, era que bajara un poco el viento ya que el windguru marcaba rachas de 12-15 nudos del este y para poder facilitar la búsqueda de esta especie en mar abierto se necesita algo de calma en el mar.   

Terminamos de cenar y nos dirigimos a casa de nuestro experto guía el Ruso, que nos prestaría unas cañas de spinning Shimano Stimula de 7” para castear los sábalos porque habíamos llevado varas de jigging y definitivamente no servirían para la ocasión ya que se tenía que lanzar unos 30 ó 40 metros desde los botes.  Con las cañas en el carrito nos despedimos para ir a nuestras habitaciones en el hotel que resulta sumamente cómodo para la gente que va a pescar por su cercanía con el muelle y su buena atención.

Por la noche alistamos los equipos, preparamos los carretes Stradic 8000 y Penn Battle 6000 cargados con líneas trenzadas de  50 y 40 libras y líder de fluorocarbono de 100 libras como nos sugirió el Ruso. Guardamos tijeras, cuchillos, señuelos y demás aditamentos en las maletas y a descansar.

Encuentro con los gladiadores

A las 6 a.m. ya estaban frente a nuestro hotel, dos embarcaciones de 23 pies dispuestas para nuestro encuentro con los sábalos. Abordamos Ricardo y un servidor una de ellas para poder tomar fotos desde varios ángulos del Ruso en acción con su vara de fly y de Piolo con la de spinning. El viento soplaba como era lo esperado pero la ausencia de nubes en el horizonte pronosticaba que  calmaría en el transcurso de la mañana. Navegamos como una hora y llegamos al punto marcado. El viento bajó su intensidad y recorrimos la zona 10 minutos hasta que a lo lejos el agua comenzó a encresparse y agitarse…- “Ahí están los sábalos…” gritó nuestro guía… nos acercamos al otro bote para avisarles que ya los habíamos ubicado.

Era un  espectáculo ver esos singulares coletazos en la superficie y las gaviotas y fragatas sobre la mancha mientras los sábalos se daban un festín. Rápidamente tomamos nuestra posición, apagamos motores y nos quedamos a la deriva esperando acercarnos hasta quedar a “tiro”.  Piolo casteaba un señuelo especial para sábalo grande: un Coon-Pop, diseño del famoso capitán de Louisiana  Lance  “Coon” Schoest;  en nuestro barco Ricardo lanzaba un prometedor  Swimmin’ Mullet de D.O.A. y un servidor esperaba impaciente  con la cámara para realizar las primeras fotos.

El Piolo fue el primero en trabar un hermoso sábalo, los primeros brincos fueron a unos 60 mts de nuestra posición, nos colocamos cerca de ellos con el sol a nuestras espaldas para sacar las mejores fotos de la batalla. Después de 35 minutos logró acercar el sábalo a su barco; 4 veces trató el Ruso de tomar el líder en sus manos sin éxito... el sábalo peleaba por su vida, su estirpe de gladiador impedía la maniobra final hasta que minutos después cedió.  Pegaron al titán al borde del barco, lo subieron con un gancho pequeño que se traba en la huesuda boca para no tocar las agallas que es la parte más sensible de cualquier pez. En poco tiempo se revivió con las maniobras adecuadas  y se liberó con éxito.

Nosotros tomamos otra vez nuestra posición cerca del cardumen y después de algunos lanzamientos prendimos otro. No hay nada como sentir el súbito ataque y trabajar en la proa uno de esos hermosos ejemplares. El corazón se agita y la adrenalina comienza a fluir por todo el cuerpo…por la presión que imprimía con las primeras corridas parecía ser un sábalo bastante grande.

Es increíble como la potencia de su aleta trasera permite al gran sábalo saltar unos dos metros fuera del agua, tratando de arrancar el acero del anzuelo. Su enorme cabeza se agitaba de lado a lado  esperando que el señuelo saliera disparado de su boca tan singular hasta que por fin, después de 45 minutos se logró ese hermoso ejemplar de al parecer más de 90 libras. Lo subimos rápidamente tratando de no lastimarlo más de lo necesario mientras Ricardo tomaba rápidamente la cámara para las fotos del recuerdo… después, la maniobra para regresarlo al mar sin mayores dificultades. 

A los pocos minutos Ricardo enganchó al tercero del día y yo me dispuse a disfrutar de la batalla y tomar fotos desde todos los ángulos posibles mientras en el otro barco el Ruso había tomado la caña de fly y había prendido al cuarto del día…que mañana!!! No se podía pedir más. En pocas horas ya estábamos transformados en verdaderos adictos a los sábalos de Holbox.

Cuando comenzó a soplar más fuerte el viento decidimos regresar a la isla por la vía lagunar de Cabo Catoche costeando los manglares en la zona de aguas bajas con una vista espectacular de la flora y fauna que ofrece ese hermoso recorrido como en Isla Pájaros, un islote cercano cubierto de manglares, algunos cactus y arbustos de la duna costera donde habitan decenas de especies como el extraño cangrejo bayoneta, un fósil viviente de épocas prehistóricas, miles de aves acuáticas como fragatas, pelícanos, cormoranes, y otras aves residentes y migratorias.  

Le dimos la vuelta completa a la isla y desembarcamos frente al hotel. Por la tarde-noche después de un refrescante baño nos trasladamos a casa del Ruso a invitación suya, para conocer un poco más su historia y comentar sobre nuestra pesca de ese día.

El Ruso

Alejandro Vega es sin duda, un fanático del sábalo, tal vez sea el pescador mexicano que más sábalos con mosca ha pescado.  El Ruso es un pescador joven, oriundo de la isla de Holbox. Pocos saben que su padre y abuelo  fueron los guardafaros de Cabo Catoche y creció en esos parajes hasta los 7 años de edad. Después regreso a vivir a Holbox para iniciar sus estudios de primaria.

En 1990 comenzó a pescar con caña de spinning y ayudaba a su hermano Abelardo Vega el famoso “Chijal”, como guía de pesca cada vez que su tiempo en la escuela lo permitía. Hacía recorridos por Isla Blanca, Cancún y Cozumel  y la empresa conformada por Alejandro y Abelardo era patrocinada de alguna manera por su tío Carlos Vega que tenía una agencia de viajes en Cozumel y les refería clientes que llegaban buscando pescar en los “flats” del Caribe Mexicano.

En poco tiempo aprendió a manejar la caña de fly de manera autodidacta leyendo cuanto libro se encontraba, practicando todos los días en la puerta de su casa y escuchando los sabios consejos de muchos de sus clientes, lo que le llevó a convertirse en un mosquero de corazón y no tocar otro equipo que no fuera  el primero que le había obsequiado uno de sus primeros clientes y ahora socio comercial Bill Marts: dos carretes Hardy Bros LTD “the Perfect” 3 5/8 y una caña White River No. 6 de 9 pies, esto hace ya unos ayeres pero que todavía conserva celosamente al igual que su primera mosca.

El Ruso es, si no el mejor, uno de los mejores guías de pesca de la Península de Yucatán. Ha guiado a cientos de pescadores en distintas zonas de la península, ha impartido clínicas de pesca con mosca en Holbox, Bahía de la Ascensión, Bahía del Espíritu Santo, Chinchorro e Xcalak en Q.Roo y en Campeche. Ha realizado dos videos de pesca con Jim y Kelly Watt de Flyfishing Video Magazine, mismos que han aparecido por el canal de televisión de ESPN. También ha participado en el libro Bonefishing, de Randall Kaufmann y ha guiado al afamado fotógrafo de vida silvestre Brian O´Keefe  en un par de ocasiones.

Cuando el  “Ruso” no pesca, –cosa rara-, enseña inglés en la escuela secundaria de su localidad. Ese es Alejandro Vega, un hombre que imprime pasión y dedicación a cada cosa que hace y que parece no acabársele nunca. Nos despidió sonriente y hospitalario así como nos recibió y más que complacidos con esta grata velada nos retiramos a dormir no sin antes dar una vuelta por la placita principal del colorido pueblito.

Al día siguiente la salida era para tratar de divisar y lograr una buena cobia o esmedregal, otro gran espécimen muy popular entre los pescadores que ofrece la pesca de gran altura en Holbox.

La cita era con otro guía experto en esos menesteres, con ojos bien afilados y un olfato como pocos para localizar esmedregales:  Don Willy Betancourt Sabatini . Salimos temprano con el equipo listo para la ocasión, pero a menos de 5 millas de recorrido, el viento comenzó a soplar fuertemente, así que nuestro destino de unas 25 millas de distancia, se tuvo que acortar y más tardamos en anclar en una poza cercana a escasas 6 millas de la costa, que en regresar a una de las áreas protegidas de la isla en el oriente, frente a Punta Mosquito.

Logramos un par de pargos lunares que servirían para la cena y algunas mojarras y sierritas para el ceviche hasta que una ola nos baño por completo y recolectando lo que arrastró el agua por el piso del bote enfilamos hacia el muelle.  Eran vientos del sur y el este encontrados que curiosamente originaban una calma absoluta en tierra y ahí todo era diferente: la gente disfrutando a plenitud de un precioso atardecer, del ambiente de relax y de las pequeñas lagunas que brotaban a lo largo de la costa debido a una vaciante característica de la época y que formaban grandes avenidas donde caminar.

Por la noche el chef  del restaurante El Mangle el Sr.  Marco Trejo nos deleitó con unos pargos  al horno con salsa de noche, una de sus especialidades que disfrutamos bajo un cielo repleto de estrellas, el mismo que nos perdemos todas las noches los que vivimos en la ciudad y admiramos a plenitud en ese momento y en ese mágico lugar.

La despedida

Al día siguiente  muy temprano nos despedimos muy satisfechos de un lugar que tiene un potencial enorme de oportunidades para la pesca deportiva. Pronto volveremos a ese exótico y mítico paraje de insuperable belleza que a veces parece ficticio y sobrenatural. Será porque su historia se basa en añejos cuentos y leyendas, las leyendas de un paraíso que tiene por nombre Holbox.


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