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En busca del Big Fish
Por: Rafael ArĂ©valo

Con un equipo bien amalgamado y de magnífico nivel compuesto por Luis Turrent, Alberto Pérez Jácome, Alfonso Sánchez, mis hermanos Adolfo, Rommel, Oliver y mi hermano adoptivo Hugo Boyancé, programamos nuestra excursión de pesca en el verano. Luis, Alberto y Alfonso llegaron de México el segundo viernes de julio bien empacados con las maletas de buceo y fusiles, su servidor y Adolfo, Rommel, Oliver, Hugo y un par de buenos amigos más,  Juan C. Vales y David López, los esperábamos con la embarcación lista para salir lo antes posible.

Salimos el sábado por la madrugada y navegamos unas cuantas horas por la obscuridad hasta llegar con el amanecer a unos “bajos” que nos había comentado un pescador de un barco “cobra línea”  a unas 20 millas del Arrecife Alacranes.

Al agua.

Después de anclar la embarcación, tomar unos alimentos ligeros y distribuirnos en las dos lanchas adicionales que llevamos a remolque,  en unos cuantos minutos todos ya estábamos en el agua, que por cierto ese día estaba bastante clara y agradable. Al poco tiempo el “equipo” empieza a anotar: Luis, Alberto y Poncho fueron los primeros en capturar sus respectivos negrillos, pues eran los visitantes y la cortesía así lo indica.Transcurrió la primera parte de la mañana y nos reunimos para tomar un descanso, planear la siguiente estrategia, hidratarnos y conocer  los primeros resultados: Rommel contaba ya con un buen ejemplar de “negrillo” (Black Grouper) de aproximadamente 23kgs, nuestro amigo Hugo con una enorme “Barracuda” de 28 kgs, que todos pensamos que sería récord mundial (el récord mundial actual es de 29.4 kg capturada en 2005 en aguas de Japón por Paul A. Smith) y según comentó Hugo: “me encontraba haciendo una bajada profunda y al empezar a hacer la espera como a 18 - 20 metros, alcancé a divisar una sombra bastante grande, me fui deslizando en diagonal y alcance a ver el bello ejemplar de barracuda, la cual  precavidamente, se empezó a alejar como presintiendo el encuentro, la seguí despacio hasta donde pude. Me empezaba a faltar el aire cuando decidí acelerar un poco para tratar de darle alcance y pensé... ahora o nunca y ¡jalé del gatillo!  logrando un buen disparo tanto por la distancia como por el movimiento. Logré  fijarla cerca del tronco de la cola y con su descomunal fuerza me arrastró algunos metros hasta que tuve que soltarla pues ya el aire era indispensable, salí a respirar y observe que mi boya se detuvo, me prepare entonces para la segunda inmersión y pensé por un instante…. será que la perdí?”

“Bajé de nuevo -continuaba Hugo,  y me percaté de que la barracuda se había enredado en una saliente del fondo  y de tanto halar se encontraba bastante agotada, la destrabé y ya con mucho menos esfuerzo la subí a la superficie, aunque se encontraba exhausta, no dejaba de pelear; su peso hacía sentir su tremenda fuerza aún en sus últimos movimientos”...

Buena mañana! -pensé. Sin duda que la cara de Hugo durante el recuento, emocionado, resultaría difícil de olvidar por algún tiempo.

Por  mi parte ya contaba con dos negrillos: uno de 22 kgs. y otro de 24 kgs. y mientras consensábamos  todos para planear el siguiente movimiento, mi hermano Adolfo nos comenta que se había  topado con una pareja de pámpanos africanos  muy grandes  y aunque insistió, nunca los tuvo “a tiro”.

Transcurrió la segunda parte del día, entre sorpresas y emociones, avistamientos, capturas y claro, las infaltables burlas y chascarrillos por los errores involuntarios que tanto se disfrutan cuando de buenos amigos se trata.

¡Adolfito: eso es récord mundial!

Regresamos a la embarcación mayor como a las 5 pm. Todos satisfechos con las capturas y cada cual aportando sus historias. En ese momento Adolfo, que permanecía algo callado nos comenta que había decidido recorrer la misma zona donde había avistado los pámpanos en la mañana y para sorpresa nuestra nos enseña su captura y ahí estaba,  sepultada entre aletas, máscaras y cuerdas: un tremendo ejemplar de pámpano africano...¡Adolfito eso es récord mundial!.. casi gritó Luis emocionado en ese momento y con  justa razón, pues  Luis se sabe casi de memoria la lista de récords de la IUSA; mientras todos asombrados insistíamos en lo mismo... “está bien grande el bicho, será el nuevo récord mundial?, y mi hermano ante tantas preguntas y ya calmados nos relató:

“Estaba en una zona entre los 70 y 100 pies de profundidad, cuando en una de las inmersiones cortas diviso nuevamente la pareja de pámpanos dando vueltas, estaba seguro que eran los mismos que había visto en la mañana y me dejé caer con intensión de cortarles el paso y para mi sorpresa se empiezan a alejar, continúo bajando y faltando unos 8 pies para llegar al fondo ¡los pámpanos giran hacia mi! contengo la respiración lo más que puedo y ¡zaz! escucho el inconfundible chasquido de un buen tiro, inmediatamente salió disparado hacia lo más profundo sin detenerse en lo que yo trataba de llegar arriba a tomar aire de nuevo, inmediatamente comienzo un recorrido de muchos metros arrastrado por el pámpano, que  aunque herido, hacía valer todas sus fuerzas...  lo agarré bien pero no fue un tiro mortal -pensé-,  los jalones eran cortos pero poderosos,  hasta que poco a poco lo fuí dominando, y pude controlarlo para poder subirlo y acercarlo a la embarcación”.

Terminando de escuchar el relato colocamos una báscula portátil  y le echamos un vistazo a la lista de récords y efectivamente, Adolfo tenía un “récord mundial”, un verdadero “big fish” que registró 22 kgs. y fracción. El récord mundial actual es de 20 kgs. por Sheri Daye en 2006 (femenino) y 19 kgs. Por Mark E. Labocetta en 2001 (masculino), por lo tanto no había duda y esa tarde celebramos dos cosas abordo: el nuevo récord mundial y el cumpleaños de Luis Turrent.

El domingo continuamos pescando pero solo por medio día. Rommel capturó una buena cobia y Juan Vales otro magnífico pámpano africano. Esa mañana  tuvo su momento de clímax cuando me anoto una buena captura de un negrillo de 26 kgs. a 100 pies de profundidad. Ello representa una complicación porque  existen muchos factores a considerar. Como medida de seguridad se necesita el apoyo de un compañero -en mi caso lo fue Luis-, para estar pendiente pues haría una inmersión profunda y una de las prácticas de seguridad es que tu compañero baje a verte de tal forma que se encuentre a mitad de camino para estar pendiente del regreso hasta la superficie. El trabajo en equipo hace de este deporte -casi- extremo un reto a la disciplina  y por ello, hay que prepararse muy bien, practicarlo con toda la seguridad posible sin dejar absolutamente nada a la suerte.

El clima cambió un poco por la tarde,  ya no estaban tan suaves los vientos ni el oleaje y estábamos listos para emprender el -triste- regreso a Puerto Progreso, sin embargo lo hacíamos  con un nuevo récord  mundial por registrar de mi hermano Adolfo y un “buen” de nuevas experiencias que compartir, pretextos más que suficientes para abrir una botella de “Sake” que nuestros amigos del D.F siempre cargan para brindar en el momento de las despedidas...

-Capitán, estamos listos... proa a Progreso por favor! 

 


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