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El Viaje de una vida
Por: Cap. Anthony Mendillo

Imagina que se te presenta una invitación que implica llenar una camioneta pick-up hasta el techo con equipos de pesca, una silla de combate y un montón de trajes para la nieve; para luego conducir más de 3,000 millas a Canadá, a un lugar que, ni la tripulación con la que vas ha visitado antes.

Para José Luis Astrain de Houston, no hubo ninguna vacilación...

“Claro estoy listo. ¿Cuándo vamos? “ Respondió antes de que pudiera terminar de completar mi invitación.

José Luis no sabía que estaba a punto de embarcarse en el viaje más emocionante de su vida. Tampoco tenía ninguna idea sobre el tamaño y la fuerza de los atunes que estaba a punto de capturar.

Nuestro destino era Wedgeport, Nueva Escocia, Canadá -la cuna de la pesca deportiva de equipo pesado-. Nuestro objetivo, el atún gigante aleta azul: El rey de los atunes.

Una vez que un atún alcanza las 300 libras ingresa oficialmente a la categoría de “gigante”. El aleta azul es uno de los más grandes, más rápidos y más cotizados peces en el océano. De hecho, el mayor que se ha registrado fue el atún capturado en Nueva Escocia (un aleta azul de 1,496 libras) por Ken Fraser el 26 de octubre de 1979.

Wedgeport, se encuentra en el extremo suroeste de Nueva Escocia, Canadá. Esta comunidad Acadiana (de origen francés) fue una vez hogar de la famosa competencia de pesca “Copa Internacional del Atún” (Tuna Cup Match), con pescadores que viajaban de todo el mundo  para competir por la famosa “Copa  Sharp”, entre ellos, algunos de los pioneros de pesca más grande como Zane Gray, Mike Lerner (fundador de IGFA), Kip Farrington, y Ernest Hemingway. Hoy en día, es conocida como la Capital Histórica de la Pesca Deportiva del Mundo.

Las aguas de Wedgeport también están acreditadas por haber ayudado a moldear la manera en que el equipo de pesca, los barcos, y las técnicas se utilizan en la actualidad de forma deportiva. Pensemos en los días de antaño en que una varilla de bambú de clase 130 y la línea de lino era lo de vanguardia, y luego compararla con las modernas cañas de fibra de vidrio de grafito con una guía de titanio y los carretes de dos velocidades de alta tecnología con composite drags. Luego imagina un atún aleta azul gigante de 600 libras tirando de las mismas...

Sin embargo, a través de los años, la pesca deportiva en la zona de Wedgeport ha tenido que ceder su hegemonía a la pesca comercial, aunque todavía hay algunos torneos que se celebran en la zona como el Torneo Internacional de Atunes y el Torneo de Atunes de Wedgeport, pero como en muchas de las comunidades pesqueras se sabe, el valor comercial ha tenido prioridad y los grandes personajes de la pesca deportiva que se daban cita en el lugar, dejaron de hacerlo poco a poco. Sin embargo, las nuevas generaciones de pescadores siguen los pasos de sus abuelos para combinar lo mejor de la pesca deportiva con la venta de las capturas, aprovechando la ocasión y el alto valor del aleta azul en el mercado mundial.

José Luis había viajado la segunda semana de septiembre a Wedgeport, para pescar a bordo del “Fin Seeker” con Joel y Camile Jacquard, bajo la dirección de su famoso padre, el capitán Eric Jacquard. Joel y Camile, ambos a finales de sus 20´s, se dedican a la pesca comercial de langosta durante el invierno en la embarcación de su familia, igualmente pescan atunes de manera comercial en el verano. Ellos  representan la nueva generación de pescadores que entienden el valor y la importancia de la pesca deportiva aunada a la parte comercial de la industria pesquera bien manejada, vigilada y controlada.

José Luis y un servidor estábamos ansiosos por ver esos atunes con nuestros propios ojos, sin embargo, primero fue necesario ayudar a los Jacquard a montar la silla de combate en el barco, armar cañas y prepararnos para salir a las 3 a.m.

Con la intención de agarrar el primer atún rápidamente para José Luis, su hermano y su amigo Mike, decidimos que el mejor método de pesca era cebando la zona,  con arenques frescos molidos, los cuales  adquirimos de la flota local de barcos que se especializan en la captura de esta especie.

Nuestro primer día en el agua, el clima era perfecto. La temperatura era de 55 grados fahrenheit  en la madrugada y 75 grados durante el día, con viento y mar calmados. No mucho tiempo después de comenzar a pescar tuvimos nuestro primer pique. Decidimos que José Luis fuera el primero en la silla de combate, y después de una batalla de 30 minutos tuvo su primera atún - un pez de 635 libras-. A medida que el día transcurrió, todos estábamos muy emocionados de ver los enormes atúnes tan cerca de la embarcación. Se podían ver sus aletas. Terminamos nuestro primer día con cuatro atúnes de aleta azul de un tamaño promedio de alrededor de 500 libras... un jonrón!

Y esto fue sólo el primer día. Todo el mundo había atrapado el pez de su vida... ¿Cómo podría mejorar? Más pescados, más amigos, y una cena de langosta fresca era un buen comienzo.

Al día siguiente se nos unió uno de mis mejores amigos, el fotógrafo profesional Scott Kerrigan, que había volado toda la noche desde Los Ángeles, California para unirse a nosotros en la acción y tomar algunas fotos de los atunes gigantes.

Tuvimos otro gran día. Ocho gigantes en la línea. Subimos cuatro peces a la embarcación y las emociones continuaban. El final de este día lo pasamos en una de las islas de la barrera donde hay pequeños campamentos  de pescadores y casitas (todos con televisión vía satélite y electricidad). Ahí disfrutamos de una deliciosa cena de langosta fresca y posiblemente demasiadas botellas de vino que de alguna manera hicieron el viaje con nosotros. Descansamos y comimos mientras contábamos nuestras historias y experiencias de la pesca del día.

El último día de pesca a bordo del “Fin Seeker” fue aún más espectacular que los dos primeros. La carnada que teníamos en el agua se enredo a los pocos minutos con otro gigante, y otro... Atrapamos tres más, todos alrededor de las 700 libras. Una  acción difícil de describir, una experiencia como pocas que nos tenía con la adrenalina a tope.

Después de liberar nuestro cuarto pez de la mañana y en medio de la faena, oímos una llamada de auxilio en el radio VHF. Esta llamada se hacía desde una embarcación de pesca que se estaba incendiando y ubicándola de inmediato, pudimos ser los primeros en llegar para poder recoger a la tripulación que ya estaba sobre las balsas salvavidas. Afortunadamente todos se salvaron.

Una vez de regreso en el muelle en Wedgeport repasamos los momentos más intensos de la jornada y lo maravilloso que había resultado para todos, donde compartimos vivencias y emociones que sin duda, harán que el viaje sea muy difícil de olvidar. Tuvimos más que suficientes atunes para cada uno de nosotros, acumulamos y compartimos demasiadas experiencias en muy poco tiempo en compañía de buenos amigos y finalizamos nuestras jornadas con un positivo rescate en altamar... ¿se podía pedir algo más?

La alegría era general, las satisfacciones por lo vivido estaban junto con los recuerdos a flor de piel, donde José Luis aún emocionado no cesaba amablemente de darme las gracias una y otra vez por haberlo invitado a este viaje que tuvo como base, el histórico puerto de Wedgeport en lo que realmente fue, el viaje de su vida.


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