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EL DEMONIO ROJO.
Por: Raúl León Melesio

La pesca del calamar de Humboldt

El calamar de Humboldt (Dosidicus gigas), es un cefalópodo de aguas abiertas, conocido por su naturaleza altamente agresiva y sus feroces habilidades depredatorias, por eso se le conoce también como “diablo o demonio rojo”. 

Es frecuente encontrarlo a profundidades de hasta 700 metros en el Golfo de California, Mar de Cortés y  Mar  de Bermejo en el Océano Pacífico, crece hasta los 2 metros de largo y posee poderosos tentáculos dotados de ventosas dentadas que le permiten atrapar y matar peces con suma facilidad.  

Se ha llegado a saber que también atacan tiburones, ballenas, hombres e incluso canibalizan entre ellos. Es famoso por su excelente visión submarina y su habilidad para encenderse y cambiar de color cuando es estimulado. 

Se le puede pescar en los mares de Baja California, en especial  frente a las costas de Santa Rosalía, en Baja California Sur, donde habita una de las poblaciones más grandes de estos animales. 

Es una especie pelágica oceánica y su nombre viene porque se encuentran primordialmente en la corriente de Humboldt, en el Pacífico Este, desde México hasta Chile, teniendo sus áreas de mayor concentración frente a las costas de Perú y México. 

Se dice que no viven más allá de un par de años y crecen hasta llegar a algo cercano a los 50 kilogramos, pero normalmente los ejemplares que podemos encontrar en aguas mexicanas rondan entre los 10 y 30 kilos. Siempre nadan en cardúmenes y son altamente predadores, pues van cazando en verdaderas “jaurías” que comen todo lo que está a su alcance; existen numerosos reportes que atestiguan su efecto depredador contra la fauna local.  

Muchos dicen que solo es agresivo en frenesí alimenticio, pero lo cierto es que cuando uno los pesca, su conducta violenta impresiona a cualquier pescador. A título personal, los he visto “canibalizar”; he sido testigo de ver cómo despedazan a otro ejemplar herido sin piedad; he visto cómo saltan fuera del agua para tomar una potera (Este es el nombre que recibe el señuelo para la pesca del calamar) y cómo son capaces de morder cualquier cosa cuando están en frenesí y no importa lo que me digan o los documentales que vea, no me metería al agua habiendo calamares rondando bajo la superficie ni por todo el dinero del mundo, pues aunque mucho de su reputación puede ser solo un mito, al ver su agresividad se me quitan las ganas de comprobarlo.  

Para que sea práctico pescar estos calamares, buscamos que la temperatura superficial se enfríe, que se encuentre entre los 21.5° C (71°F) o menos y se buscan las áreas donde suben a alimentarse durante el día o la noche, tradicionalmente en bajos o zonas donde hay fondos rocosos, cantiles o estructuras subterráneas que atraigan peces. Regularmente se les encuentra en zonas que tiene caídas abruptas y que usan los calamares para subir y bajar constantemente. Es muy útil saber si hay reportes de capturas, cosa que ocurre entre los meses fríos, que puede ser desde un tardío diciembre y hasta junio, pero más seguro en enero, febrero y marzo. 

Las opiniones para pescar este cefalópodo son variadas, hay quienes los desprecian por completo y dicen que su pesca no tiene gracia alguna, o quienes les hacen el feo aduciendo que no son peces o quienes como yo, cuando llegan a estas aguas, los buscamos ávidamente porque ofrecen gran diversión. Lo cierto es que se comen y son muy sabrosos, pero limpiarlos es una monserga y prepararlos otra tanta y eso, sumado al hecho de que ensucian toda la embarcación y apestan a rayos, hace que los pescadores suelan evitarlos, en el fondo, más por esas razones que por su caracter deportivo, pues nadie que haya pescado un calamar de Humboldt podrá decir que no jalan duro o que no dan tremenda pelea. 

El equipo de pesca ideal. 

Una vez que llegamos a la zona adecuada, la pesca se realiza con jigs. Lo mejor es usar poteras, que son jigs muy grandes, de unos 60 centímetros y muy pesados, de 8 a 10 onzas, que tiene bulbos fluorecentes de alta luminosidad escalonados con coronas de espinas sin muerte, sumamente efectivos para la pesca nocturna pero si no se tiene estos señuelos cualquier jig para pesca vertical funcionará a condición de que lleve un anzuelo triple grande abajo y que de preferencia que sea de colores brillantes o fluorecentes.  

El beneficio de la potera es que al tener tantas puntas, el calamar se clava fácilmente y al no tener contrapuntas, la liberación es también muy sencilla mientras que cuando se pesca con jigs con triples es frecuente que el calamar se desgarre y se suelte o cuando logramos subirlo, a veces desanzuelearlo es un problema. 

Se puede pescar con cualquier equipo, pero por ser pesca vertical, el uso de líneas trenzadas es muy conveniente, pues brinda mucha sensibilidad y permite que el jig se hunda rápido y fácil. En cuanto a la caña y el carrete, lo ideal es el equipo que usamos para jiging, sobre todo las cañas cortas pues estos animales jalan como lo que son: unos demonios. En cuanto a líneas, lo mejor es usar 50 libras, pues aunque con 30 se les puede pescar bien, la realidad es que en ocasiones se cuelgan dos o más de la potera o se comen al que tenemos enganchado y con 30 libras podemos tardar bastante tiempo en izarlo. 

Estando en la zona, se deja ir el jig a fondo y se tiene especial cuidado al ir bajando pues el pique no se siente, simplemente el jig deja de bajar, como si llegara al fondo o más aun, como si se hubiera soltado el jig. Lo que pasa es que el calamar lo toma prácticamente “al vuelo”, eso suspende el descenso de inmediato y es en ese momento donde tenemos que meter el freno y clavar.   

La primera sensación es simplemente de peso, mucho peso y luego comienza la pelea con jalones sumamante fuertes. Al principio dá la sensación de estar pescando una cobija empapada, pero sus carreras pueden ser largas y poderosas, aunque no son muchas.

Es muy frecuente que si se suelta un calamar  y seguimos moviendo el jig, casi de inmediato volvamos a clavar,  ya que cuando uno “muerde” los demás lo siguen atrás.  

Igual de frecuente es que se cuelguen dos o más de un mismo jig o que se peleen por el mismo señuelo o comiencen a comerse al que tenemos prendido en la línea y eso incrementa el peso

y el jalón considerablemente. 

Cuando acercamos al animal, pareciera una escena sacada de una película de ciencia  ficción o de terror, al ver esa enorme criatura mover sus tentáculos en superficie y cambiar de colores como si presionáramos una pantalla de LSD con el dedo, pero por todo su cuerpo. En estos momentos, casi siempre hay otros calamares acompañándolo y si nuestro compañero de pesca lanza un jig en superficie pronto será tomado y es en estos raros momentos que podemos inclusive castear un popper y será tomado por otro calamar pues como hemos dicho, atacan de todo. 

Si decidimos izar la pieza, aquí viene la novatada que tanto disfruta uno hacer a los nuevos compañeros de pesca, que resulta realemente desagradable para la víctima: Se le pide al pescador que lo acerque sujetando el líder o que lo enganche el mismo y cuando así lo hace, el calamar le escupe toda la tinta y esa mancha no se quita fácilmente de la ropa y el hedor tampoco.  Si no se desea bromear a nadie, simplemente se acerca en paralelo a la embar- cación y se le clava el gancho en la capucha para que se levante con los tentáculos colgando al agua y arroje la tinta al mar. Al revisar al animal constatamos la razón para temerle: cada tentáculo está cubierto de ventosas con dientes que se pegan a todo y lastiman y al centro tiene sendo pico como de perico, del tamaño de una pelota de béisbol, muy afilado que inspira temor al escucharlo crujir. 

En mi opinión, lo más divertido es soltar las piezas y seguir pescando, pues si practicamos el captura y suelta podemos pescar todo el día hasta quedar fatigados, tantos calamares como se quiera.  

He tenido días en que yo sólo he pescado 28 calamares y no le seguí por estar completamente fatigado; el “catch and release” en este caso no es por razón de protección a los recursos naturales, pues por todos es aceptado que el calamar de Humboldt es una plaga y que los mares están súper poblados, por lo que matar unos cuantos nada malo ocasionaría pero ¿y luego qué se hace con ellos? Así es que vale la pena liberar todo lo que no se consumirá como debe ser. 


  HERRAMIENTAS






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