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AL ENCUENTRO DE BOCA IGLESIA
Por: Rolando C√≥rdoba

 El viaje desde Mérida a Cancún ya es ruta conocida por nuestras repetidas incursiones en las aguas del Caribe mexicano, nos quedaba tomar rumbo desde Puerto Juárez hacia el norte para en pocos minutos recorrer una carretera de terracería que nos llevaría hasta Isla Blanca, puesto de mando de la empresa Fishing Tarpon Cancun donde nos esperaba a la hora pactada Alex Padilla y su staff con todo dispuesto. Muchachos jóvenes, excelentes guías que brindan recorridos de pesca a los bajos de Isla Blanca y Boca Iglesia, especializados en la pesca de fly y spinning, donde el macabí, la palometa, el sábalo y el robalo resultan siempre capturas disponibles y comenzar a navegar de por sí resultó una recompensa cuando nos encontramos transitando entre dos aguas: las de un estero de varios kilómetros lleno de una sobresaliente fauna salvaje;  y los azules de siempre, de las siempre azules aguas de Cancún.  

El mar abierto a nuestra derecha no estaba del todo calmo, de hecho se  anunciaba norte y la posibilidad de transitar hasta nuestros puntos dentro de la laguna hacía menos incómoda nuestra travesía llena de asombro por tantos y tantos paisajes a la vista que no dejaban de sorprendernos. La fauna de este lugar no presenta marcas visibles de la huella del hombre y ello se agradece. Espátulas, flamencos, garzas blancas, cormoranes, pelícanos de varios tonos y un sinfín de animales acompañaban el diálogo en nuestro recorrido que no podía ser más placentero y lleno de sorpresas.

-Allí donde se ve esa entrada tenemos el acceso a Boca Iglesia… ya estamos llegando…. nos alertaba Alex a menos de 30 minutos de haber emprendido el recorrido por dentro de la laguna. Atravesar el pequeño canal y adentrarnos en una suerte de paisajes inesperados, lleno de bajos; donde el agua por tramos se tiñe de tonos diversos era la sorpresa que no esperábamos. Canales por doquier comunicaban las pequeñas lagunas; donde descubríamos pequeños atajos que recorríamos a golpe de vara dentro de un espeso mangle que nos obligaba en ocasiones a  agacharnos sorteando toda suerte de ramales que en otra época, usaron como trampas los mayas para desaparecer con sus cayucos cuando eran perseguidos por los españoles; se dice que no pocas veces los perseguidores terminaban perdidos entre tanto laberinto de canales. Lo mejor, es que atravesando esos estrechos canales ya avistamos los primeros sábalos y robalos que Alex con inconfundible destreza trataba una y otra vez de enhanchar hasta lograr sus primeras capturas de la mañana ¡buen comienzo! -pensámos- mientras que Edwin, el experimentado guía después de sortear algunos islotes nos señalaba a lo lejos el campanario de la famosa iglesia que se dejaba ver por encima de los arbustos, una de las razones de nuestro viaje. Las historias en torno a la iglesia son confusas y la fantasía siempre pretexta distintos argumentos: pero ahí estaba; desembarcamos en una pequeña playa para seguir una vereda y a los pocos minutos nos daba la bienvenida olvidada entre la maleza y rodeada de un penetrante olor a selva, la famosa iglesia que diera el calificativo a estas tierras.  

Erigida sobre un montículo a modo de fuerte, enclavada en lo alto de un pequeño cerro pareciera fungir como custodio de toda la zona de humedales. Sus tres nichos vacíos  -según cuentan- resguardaban tres vírgenes fabricadas con caracoles de la zona y como sus campanas y demás pertenencias de la época, han sido sustraidos por el vandalismo. Solo 3 pequeños cubículos de apenas 2 x 2.5 mts conservan el techo alrededor de un área seguramente para misas o capilla de mayor tamaño, completamente derruida por el tiempo. Al parecer  fungía como centro de un pequeño poblado de españoles que comercializaba con la madera del palo de tinte extraída de estas tierras por los mayas y llevada hasta Cabo Catoche donde se embarcaba hacia el viejo continente. Alrededor se encuentran tres pozos que evidentemente proveían de agua dulce a la pequeña comunidad y se asegura que cerca existe un pequeño cementerio con sus lápidas que no pudimos visitar, por lo que se sobreentiende que más que un grupo de españoles aislados, se trataba de una pequeña ciudadela o asentamiento constituido con los principales servicios.  

Se comenta que fue la primera iglesia que hubo en América y ello merece algo más de investigación, sobre todo si se logra antes de que la selva con su apetito voraz y el hombre con su desidia, permitan que esta reliquia desaparezca  para siempre sepultando junto a sus ruinas, una parte importante de nuestra historia. Recorrimos varias veces los espacios y llaman la atención varios detalles de construcción como la inclusión de maderos en los arcos, la altura de las ventanas y lo estrecho del área de la capilla entre otros aspectos que ojalá –insisto- pronto dejen de ser un misterio y que la entidad que le corresponda se responsabilice con su restauración.  

Dejamos este sitio con más preguntas que respuestas y de nuevo a disfrutar los esteros y vados de esta maravilla de paisaje que muchos desconocen y como otros de singular belleza, esperan por la visita de los  amantes de la pesca que sin duda encontrarán mucho para disfrutar. Recorrimos varios puntos guiados por Alex y Edwin donde seguíamos probando suerte, pareciera un criadero de barracudas pues llegó un momento que era captura por tiro, en lo que se divisaban buenas escuelas de sábalos, sobre todo alrededor de un pequeño islote repleto de aves, que los sábalos custodian por diversos flancos y que nos propiciaron una mañana llena de saltos estrepitosos que disfrutamos mucho y que sin duda sin la ayuda de estos experimentados pescadores hubiera sido imposible compartir. 

El sol ya abrazaba en estas aguas y los colores de los pequeños canales sorprendían por la diversidad de tonos. El agua de una transparencia nada usual nos dejaba ver además pargos y robalos pegados al manglar y la existencia de algunos bajos de fondo duro, nos permitía bajar por tramos y caminar casteando para disfrutar de las capturas tanto con spinning por nosotros, como con mosca por parte de Alex y Edwin, hasta que nos acercamos a la bocana donde buscaríamos a alguien que nos diera más información sobre la iglesia y sus alrededores. 

“Hay un señor, allí… parado en la puerta de aquella casa” –dijo Alex- en lo que llegábamos a la orilla del canal que salía al mar con varias casas medio abandonadas alineadas junto a la costa, donde sobresalía una, entre varias, por su verde pasto que llegaba a pocos metros del mar. Allí nos recibió un señor ya de edad, de esos que se hacen rodear de varios perros en la puerta de una choza levantada con más voluntad que herramientas y que con una mirada dulce y piel requemada por el sol, dejaba ver un rostro arrugado por una vida nada fácil –Aureliano Buendía- pensé, porque era evidente que había llegado al Macondo de García Márquez, que siempre pude imaginar. 

Quizás surrealismo no sea la palabra ideal si se trata de un relato de pesca en las costas de Cancún; pero sin duda alguna no había nada más parecido con lo que tenía frente a mí. Un mar de verdes intensos y azules turquesas  se adentraba hasta la orilla llena de arbustos donde ondeaban retazos despintados de telas manchados por el tiempo. Dos inmensos caracoles atrapados entre raíces se movían con las pequeñas olas que llegaban hasta una panga abandonada y medio despintada que dejaba leer en la proa: “el Arca de Noé” y sobre un pasto verde recién cortado, un hermoso gallo de cresta roja abría las alas para refrescarse con la brisa que llegaba condimentada, con ese olor a salitre intenso que cala hasta los huesos. 

Después de presentarnos, sacó de inmediato unas sillas plásticas donde nos acomodamos y con un lenguaje coloquial nos relato su historia.

Tomás Cruz Aguilar, oriundo de Tabasco llegó allí con 43 años y suma 20 viviendo en ese lugar, donde convive con su esposa (ese día estaba en Cancún por problemas de salud) mientras él se dedica a la pesca del mero en lo que se levanta la veda de la langosta que es su mayor dividendo y que ejerce durante los 8 meses que dura la temporada. La pesca de langosta es buceando a diario, para después entregar su cosecha a las cooperativas que le canjean su captura por gasolina y efectivo, que usan mayormente para traer provisiones de Cancún cada 8-9 días aproximadamente; provisiones que consisten en lo básico: como arroz, azúcar, aceite, frijoles, algo de frutas etc. La carne que come evidentemente es pescado en todas las formas posibles, preparación que se le facilita por haber trabajado de cocinero en los hoteles de Cancún antes de dedicarse a la pesca de cordel  “de cobralínea” -como le llama- para distintas cooperativas hasta que logró asentarse en ese terreno de su esposa y donde en los días de vacaciones recibe y aloja a toda la familia que vive en Mérida y Cancún.  

Contaba don Tomás que cuando llegó no alcanzó a ver las campanas de la iglesia y sí, estaban aún los andamios que utilizaron para bajarlas a tierra y que en esa iglesia ha pasado todos los ciclones sin recibir ayuda de nadie, incluso el Wilma que desbarató su casa recién terminada y los azotó durante tres días, tiempo que al final soportaron él y sus vecinos de pié en la iglesia, pegados a las paredes temiendo que se cayera el techo por la presión del agua. En esa pequeña comunidad permanecen fijos cerca de 9 pescadores, el resto  -los dueños de las demás casas- solo llegan para la pesca de langosta, permaneciendo en Boca Iglesia solo durante esta temporada, por lo que 4 meses al año este pequeño grupo permanece solo en esos parajes, donde llega de vez en cuando alguna embarcación con turistas y que el mismo Tomás, en su pequeña lancha les brinda recorridos hasta la iglesia, los saca a pescar o a recorrer los esteros y hasta permite que acampen en “su jardín” donde les brinda lo que disponga en ese momento. No hay luz en Boca Iglesia sin embargo él mantiene una planta que usa en algunas noches y que de paso alimenta el radio con el que mantiene comunicación con tierra. El problema mayor es el agua potable,  pero con mucho ingenio se las arregla para recolectar cerca de 10,000 litros de agua de lluvia y que administrándola bien, le alcanza incluso, para cuando viene en Semana Santa su familia. 

-¿ Y por qué este zacate, de donde sale? preguntamos al mirar extrañado en plena duna de arena un àrea con zacate tipo americano... 

“Ah! yo me traje la semillas y lo voy sembrando poco a poco, es que me gusta mucho la jardinería…mire mis sembra’os que tengo en mi patio” al tiempo que se levantaba y nos guiaba dentro de la casa hasta el patio. Al pasar por el fogón a leña un olor inconfundible nos decía de sus buenas mañas en la cocina -es que estoy cocinando unos frijolitos pa’ la noche- decía sonriendo al escuchar nuestros comentarios y en su patio tiene, lo mismo el cajón de una vieja nevera, que una hielera sin tapa y cuanta “cosa” le sirva para cosechar sus plantitas de cilantro, chile habanero, cebollinos etc más un pequeño jardín  sobre unos pilotes –pa’que los animales no lo estropeen-, donde incluso  vimos varias especies de orquídeas y al ver nuestra cara de asombro nos dejó saber –es que a mi’sposa le gustan mucho las flores- comentaba sonriendo, mientras me dejaba guiarlo para hacerle una foto con sus plantas.  

No me imaginaba aquellas manos  marcadas de tanto mar en esos menesteres y menos con cuanta ternura y delicadeza disponía de aquel pequeño jardín como un cumplido para quien compartía sus días en esa especie de paraíso y ello no sometía mi asombro, me dejaba ver cuán sensible se vuelve el hombre al poder retomar sus esencias –sin importar edad ni  oficio- cuando se aleja del canibalismo citadino y los vicios de la modernidad. 

Dice un proverbio muy usado en la religión afrocubana que “Lo que se sabe no se pregunta” pero confieso que mi terquedad me venció -Don Tomás, si tuviera la oportunidad de salirse de acá y vivir con todas las comodidades ¿Usted se iría? y con lo que pareció un susuro  más que una respuesta, confesó:  “No señor, ya no, sería muy difícil… ya me acostumbré a vivir así”. 

“El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad” dejaría escrito alguna vez el mismo autor de “Macondo”, Gabriel García Márquez, y compartir con Tomás algo de sus historias fue conocer la esencia de este buen hombre que un día, abrigado por el mar en plena comunión consigo mismo, decidió retirarse a estos parajes a vivir.

Tocó la retirada más que satisfechos por haber cumplimentado en una mañana lo que habíamos planificado para un día y medio y buscando como asegurar el destino para los amigos que de seguro querrán vivir esta experiencia, acordamos con el mismo Alex y Don Tomás en que se incluyera en la oferta de Fishing Tarpon Cancun alguna nueva opción para los amantes de la pesca y la naturaleza, que fuera algo más que una salida a pescar con la posibilidad de quedarse a compartir la noche en el “jardín” de Don Tomás, aventura que valdría mucho la pena  y que de seguro, más de uno vamos a agradecer. 

Dejamos al buen Tomás en sus dominios y decidimos ir de nuevo por los sábalos y barracudas cerca de los islotes donde anidan los cormoranes;  el circo comenzó apenas llegando, cuando Edwin divisó otra buena escuela de sábalos de más de 100 ejemplares rondando el islote. La mosca de Alex salía a su encuentro para atrapar solo en minutos un buen ejemplar que nos vimos obligamos a subir, para dejar testimonio con unas cuantas fotos y después proceder a liberar. Segundos más tarde otro sábalo se colgaba de la caña de Edwin y nosotros con las de spinning haciéndole el coro con otro par de capturas más, en este caso de barracudas con un waxwing y una plumilla blanca.  

El cielo cambiaba de tonos y decidimos seguir hacia una playa de arenas blancas que en el trayecto donde las barracudas estuvieron a pez por tiro en la mañana, no muy grandes pero si muy peleadoras sin embargo mientras llegábamos  y pegado al manglar,  un pequeño robalo nos hizo detener la lancha;  ya era tarde y  pusimos rumbo al muelle con una amenaza leve de lluvia, que apenas pisando tierra se dejó caer.  

Nos despedimos muy satisfechos de estos jóvenes emprendedores, profesionales por vocación y amantes respetuosos del entorno que les brinda de comer y que son un buen ejemplo a seguir dejando en claro que cuando se quiere y hay voluntad: se puede y se puede hacer muy bien. 


  HERRAMIENTAS






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